Universidades corporativas: una respuesta de las empresas brasileñas a la falta de personal calificado

La Universidad Petrobras en el centro de Río de Janeiro es una contundente respuesta de nueve pisos de altura al déficit de capital humano que asfixia a la economía brasileña en el preciso momento en que se perfila como potencia emergente a nivel mundial.

En el moderno edificio de vidrios oscuros que ocupa una manzana entera, la mayor empresa de Brasil invierte 100 millones de dólares anuales en formar a los profesionales que el sistema de educación no le ofrece espontáneamente.

Sin los ingenieros de petróleo, geofísicos y ejecutivos entrenados allí, Brasil difícilmente consiga explotar sus bestiales reservas mar adentro y transformarse en la próxima década en un gran exportador de crudo.

"La formación que el mercado nos entrega hoy no está cualificada para lo que necesitamos", explicó el gerente de la Universidad Petrobras, Juliano Mesquita, en una entrevista con la agencia Reuters.

"Los cursos son diseñados para cubrir las lagunas de conocimiento e innovación que la compañía detecta como críticas para su desarrollo", añadió.

¿El problema de fondo? La educación en Brasil no consigue seguir el ritmo de la economía y acaba conspirando contra sus ambiciones de transformarse en potencia. Aunque el país aprovechó el crecimiento económico de la última década para rescatar de la pobreza a más de 20 millones de personas, los niveles de deserción escolar son elevados y la calidad de la formación discutible.

El desafío de empresas como Petrobras es titánico: la petrolera estatal necesita personal altamente calificado para extraer crudo y gas natural bajo una gruesa capa de roca y sal en el fondo del mar a unos 7 kilómetros de profundidad, una apuesta de 70.000 millones de dólares.

Pero la falta de personal capacitado es un problema prácticamente transversal en Brasil, donde según un estudio de ManpowerGroup, el 71% de los empleadores tiene dificultades para encontrar el perfil de trabajador que necesitan. El promedio global es del 35 por ciento.

La minera Vale, cuyo mineral de hierro representa un 10% de las exportaciones brasileñas, debe formar a sus propios ingenieros en puertos y ferrovías, dos disciplinas cruciales que no existen en las facultades de Brasil.

"Algunos años atrás, garantizar que tuviéramos suficientes ingenieros era un desafío. Hoy nosotros suplimos ese gap (brecha)", explicó Tatiana Matos, gerente de educación de Vale, con un presupuesto de unos 70 millones de dólares anuales. "Si esa estrategia no hubiese sido definida e implementada no podríamos tener los resultados que tenemos", añadió.

Y algo parecido ocurre con Embraer, el mayor fabricante de aviones comerciales de alcance regional del mundo, que creó también su propio programa de formación de ingenieros del que egresó hasta su presidente ejecutivo Frederico Curado.

Para pasar de una vez la página, la presidenta Dilma Rousseff propuso esta semana invertir en educación las regalías de la explotación petrolera. "Sin educación no vamos a llegar lejos", explicó al diario Valor Económico.

Otra forma de acortar la brecha y estimular la transferencia de conocimiento sería, por ejemplo, importar mano de obra. El Gobierno está considerando flexibilizar sus leyes migratorias para atraer hasta 10 veces más profesionales extranjeros en los próximos años.


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