El teatro, entre el brillo y los riesgos de inversión

Llega el verano y las marquesinas marplatenses vuelven a encenderse y, como todos los años, las calles de esta ciudad costera se entregan a las luces, al brillo y al glamour del teatro comercial. La concurrencia a las salas de este centro turístico marca el pulso de cómo le irá en el año al negocio teatral argentino.

Al contrario de lo que sucede en otras ciudades como Londres y Nueva York, Mar del Plata -al igual que Buenos Aires y Villa Carlos Paz, afirma Carlos Rottemberg, presidente de la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales (Aadet)- se nutre casi en un 100 % de público argentino. Es por eso que la afluencia a sus salas es también indicativa del flujo turístico local.

Según cifras de Aadet, tras su pico histórico en 1987 con 760.000 entradas vendidas, la convocatoria comenzó a disminuir en los años 90 porque, según comenta Rottemberg, "con el dólar a un peso a la gente le salía más barato veranear en el exterior". Así, para 2001, la afluencia a los teatros marplatenses bajó a los 200.000 espectadores. A partir de 2003, a la par del crecimiento del turismo local, la actividad volvió a repuntar hasta llegar, en el verano pasado, a los 600.000.

Pero más allá de su brillo, su visibilidad y su convocatoria, el teatro, tal como lo describen sus productores, es una actividad que sigue siendo muy artesanal. Ésta es una de las pocas disciplinas que no tienen simultaneidad o tecnologías para alterar el producto, y que depende netamente de la taquilla.

No hay estudios de marketing que anticipen el alcance de un espectáculo, sino, en palabras del productor de Escandalosas, Javier Faroni, un ímpetu de sus hacedores por "jugar a este casino que es tratar de pegarle al gusto de la gente". Allí radica el riesgo de este negocio y su imposibilidad para predecir lo que sucederá en una nueva temporada si bien, según Rottemberg, en términos generales la varianza de un año a otro "nunca es mayor o menor a 5 por ciento".

"Al mismo tiempo -afirma Ariel Stolier, director de producción del Paseo La Plaza-, el teatro es un producto intangible." Con una entrada -cuyo precio, en esta temporada que está comenzando para obras como El Hijo de P*#@ del Sombrero , Toc Toc o Escandalosas , varía entre $ 100 y $ 200- el espectador compra a crédito el acceso a una experiencia.

Costo y financiación

Una obra conlleva dos costos, uno variable y uno fijo. El primero es el implicado en mantenerla en cartel cada función y está directamente asociado a la taquilla. El segundo es la inversión inicial, previa a levantar el telón por primera vez, y puede variar de forma considerable según el género, el estilo de producción y el lugar donde se realice la obra. Una comedia chica, por ejemplo, según dice el presidente de Aadet, se hace con más o menos $ 500.000 o $ 600.000 como costo base.

"El abanico es muy grande, ya que en una escenografía podés gastar desde $ 150.000 a $ 700.000, y en un vestuario, de $ 15.000 a $ 200.000", señala a su vez Faroni.

Por otra parte, éste es un negocio en el que casi todos son socios. La sala es un coproductor más y el autor, director, actores y demás , en general, trabajan a porcentaje de la recaudación. "Es una unión de voluntades. El fin común es el éxito pero, cuando se fracasa, fracasan todos en iguales proporciones", señala Rottemberg.

En cuanto a la inversión inicial, los tres productores coinciden: ésta se financia haciendo teatro. En otras palabras, esta actividad se financia con la reinversión de los resultados positivos de espectáculos o temporadas anteriores, a lo que puede sumarse el apoyo de algún sponsor, ya sea para un proyecto en particular o, como sucede en el Paseo La Plaza, para el complejo en general.

Lo que no sucede con frecuencia es la intervención de inversores ajenos al rubro. "En la Argentina, hay muy poco desarrollo en ese aspecto -explica Stolier-. El teatro es una inversión de riesgo también, que puede llegar a tener una tasa interesante de retorno o muy alta de pérdida y, si bien existen ciertos procesos que uno puede trabajar para minimizar los riesgos, tiene una parte sustancial que tiene que ver con cómo va a ser percibido después y, hasta que el público pagante no llega a verlo, no hay respuesta".

Las entradas con precios escalonados

El valor al que se vende la entrada en boletería es un precio, pero no el único al que puede conseguirse. "Lo que nosotros nos fijamos es un precio promedio por entrada -explica Ariel Stolier-. Ése es el que tratamos de defender, por lo que, al precio de boletería, se suman otras alternativas promocionales que nos permiten trabajar con otras respuestas de público."


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