La otra sequía

La sequía de divisas que en el arranque de 2013 afecta al mercado oficial de cambios del Banco Central -y que paradójicamente se sigue llamando "único y libre" (MULC) después de 16 meses de cepo cambiario- sólo podría superarse con una ilusoria lluvia de confianza en la política económica. Y ahí el pronóstico no es nada alentador. Ni aún con las lluvias tangibles que en los últimos días aportaron cierto alivio a los productores agrícolas, preocupados por los rendimientos de la próxima cosecha.

El Banco Central (BCRA) acaba de resaltar, en su último informe sobre el MULC, que la fuga de capitales se redujo 84% el año pasado, al bajar de US$ 21.500 millones en 2011 a sólo 3400 millones en 2012, a raíz de las restricciones cambiarias aplicadas apenas Cristina Kirchner ganó su reelección. Pero quedarse con ese dato equivaldría a ver la realidad con un solo ojo. Aquella decisión tuvo enormes costos, tanto en términos de (des)confianza como económicos. El cepo cambiario (más la pesificación forzosa de créditos hipotecarios) paralizó al mercado inmobiliario y contrajo la construcción privada; las trabas a las importaciones frenaron la actividad y el empleo en muchos sectores industriales y comerciales y la prohibición de girar utilidades hizo retroceder la inversión. El resultado fue la fuerte desaceleración del crecimiento de la economía: el PBI oficial perdió nada menos que 7 puntos porcentuales, ya que subió 8,9% en 2011 y sólo 1,9% el año pasado.

Si el objetivo del cepo fue "blindar" las reservas del BCRA, el resultado fue opuesto al buscado: desde entonces hubo una pérdida acumulada de US$ 5652 millones. Así, el stock perforó la última semana el piso de US$ 42.000 millones (al ubicarse en 41.871 millones), cuando a fin de octubre de 2011 ascendía a 47.523 millones. Sólo en lo que va de 2013 el drenaje llegó a 1419 millones, atribuible en mayor medida a un nuevo round de caída de los depósitos en dólares (de casi 400 millones y cuyo encaje bancario integra las reservas del BCRA). La caída de reservas se explica en que al cerrarse la salida de divisas, otro tanto ocurre con la entrada. Nadie trae dólares sin la certeza de llevárselos. Un informe del Estudio Broda pone de relieve que esta situación es inversa a la de la mayoría de los países de América latina, donde se registra un fuerte ingreso de capitales y un aumento de reservas, que en los últimos 12 meses fue de casi US$ 22.000 millones en Brasil; 13.700 millones en Perú; 5000 millones en Colombia y 2250 millones en Uruguay.

El cepo incentiva además la búsqueda de cualquier resquicio para hacerse de divisas al tipo de cambio oficial, sobre todo con una brecha cambiaria cada vez más alta. Una prueba de ello es que, según el BCRA, la venta de divisas para turismo al exterior aumentó 54% en 2012 y llegó a US$ 7300 millones, frente a 2600 millones ingresados por turistas extranjeros.

Con estos datos a la vista y a estas alturas de la temporada de vacaciones, ya no puede argumentarse -como en diciembre y enero- que la fuerte escalada veraniega del dólar blue obedeció principalmente a la mayor demanda turística, reforzada por las azarosas autorizaciones de la AFIP para comprar moneda extranjera. Entre los economistas no alineados con el "modelo", hay consenso en que las razones deben buscarse en la abundante emisión monetaria del BCRA a fin de año para cubrir el agujero fiscal y en la tendencia de ahorristas y empresas a desprenderse de pesos por el escaso atractivo de tasas de interés de 14% anual frente a una inflación más de 10 puntos superior.

A pesar de los intentos oficiales y oficiosos para contener al dólar blue, la cotización se ubica ahora en 7,80 pesos, con una brecha de casi 55% frente al dólar oficial. En los últimos 12 meses la suba trepa a 65%, lo cual echa por tierra aquella frase de que pierde quien apuesta al dólar, pero contribuye a realimentar expectativas inflacionarias y devaluatorias. Para neutralizarlas, el BCRA absorbió pesos (sin subir la tasa de interés) y redujo de 25% en diciembre a 15% en enero y febrero el ritmo (anualizado) de ajuste del tipo de cambio oficial. Pero el gobierno de CFK recurrió además, sin éxito y con resultados efímeros, a formas oficiosas de inyectar mayor oferta en el mercado paralelo (a través de "entidades amigas" u organismos oficiales). Según los especialistas, estos mecanismos poco transparentes no sólo producirían fuertes ganancias a sus ejecutores sino que, al final de camino, terminan reduciendo las reservas del BCRA. Pero además contribuyen a ampliar el volumen del mercado blue, cuyo tamaño es una incógnita aunque se estima podría operar entre siete y 10 millones de dólares diarios. Si esto fuera así, no habría sido tan costoso neutralizar la demanda turística. Por ahora, sólo realimentan los rumores sobre un eventual desdoblamiento cambiario.

Mojándose la oreja

Otro error de diagnóstico oficial fue recurrir a las teorías conspirativas al atribuir la menor oferta de divisas en el MULC a la supuesta retención de soja por parte de los productores, sin considerar que la cosecha anterior fue tan pobre por la sequía (40 millones de toneladas) que poco quedaba para guardar (entre 2 y 4%) para financiar gastos de la próxima. Así surgieron los arbitrarios controles de la AFIP, que las entidades rurales entendieron como una provocación, al igual que las inciertas amenazas de recrear la Junta Nacional de Granos. En realidad, la escasez de divisas obedeció a la menor exportación de trigo de la actual campaña, que meses atrás el Gobierno intentó estimular a destiempo, cuando los productores ya habían reducido la superficie sembrada. Pero el malestar que crearon estos operativos llevaron a los dirigentes rurales a amenazar a su vez al Gobierno donde más podría afectarlo. O sea, retener la soja de la próxima cosecha, que si bien debido a factores climáticos no alcanzará el volumen récord que se preveía inicialmente (55 millones de toneladas), sería entre 25 y 27% más alta que en la magra campaña anterior. Cierta o sobreactuada, esa amenaza hace que el volumen que puedan retener los productores con mayor espalda financiera equivaldrá a una merma de la cosecha, que el Gobierno veía como una tabla de salvación para 2013 no sólo por el ingreso de divisas y recursos fiscales por retenciones, sino también por su efecto sobre la alicaída actividad económica.

Sin embargo, el dato más paradójico dentro de esta puja es que en la Argentina no faltan dólares. Cifras difíciles de comprobar pero hace años se dan por ciertas, indican que fuera del circuito económico existirían unos US$ 150.000 millones guardados en cajas de seguridad, colchones o cuentas en el exterior, declarados o no. Y hasta el propio gobierno de CFK da por válida una discutida estimación de la Reserva Federal, según la cual la Argentina era en 2006 -fuera de los Estados Unidos- el segundo país detrás de Rusia con mayor circulación de dólares. Para que se volcaran a la inversión o a la actividad haría falta más confianza que controles.


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