Ante un retrasado ajuste de cuentas en la zona del euro

NUEVA YORK.- Los riesgos que afronta la zona del euro se han reducido desde el verano, cuando la salida de Grecia parecía inminente y los costos del endeudamiento de España e Italia alcanzaron nuevos niveles insostenibles. Pero si bien han disminuido las tensiones financieras, las condiciones económicas en la periferia de la zona del euro siguen siendo precarias.

Varios factores explican la reducción de los riesgos. Para empezar, el programa de "transacciones monetarias directas" del Banco Central Europeo ha sido increíblemente eficaz: los márgenes de los tipos de interés de España e Italia se redujeron en unos 250 puntos básicos, antes de que se gastara un solo euro para comprar bonos estatales. La introducción del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), que aporta otros 500 millones de euros para sostener los bancos y las deudas soberanas ha ayudado, como también el reconocimiento de los dirigentes de que una unión monetaria por sí sola es inestable e incompleta, pues requiere una integración bancaria, fiscal y política más profunda.

Pero tal vez lo más importante es que la actitud de Alemania para con la zona del euro en general y Grecia en particular ha cambiado. Los funcionarios alemanes entienden que, dados los amplios vínculos comerciales y financieros, una zona del euro desordenada perjudica a la periferia y también al centro. Han dejado de hacer declaraciones sobre una posible salida de Grecia y apoyan un tercer plan de rescate para este país. Mientras España e Italia sigan siendo vulnerables, un desplome griego podría desencadenar un grave contagio antes de las elecciones alemanas, lo que pondría en peligro las posibilidades de la canciller Angela Merkel de conseguir otro mandato. Alemania seguirá financiando a Grecia de momento.

No obstante, la periferia de la zona del euro da pocas señales de recuperación: el PBI se contrae por la austeridad fiscal, la fortaleza excesiva del euro, una grave crisis crediticia mantenida por la escasez de capital de los bancos, y la deprimida confianza de las empresas y los consumidores. Además, la recesión de la periferia está extendiéndose ahora al centro de la zona del euro, pues la producción francesa se ha contraído e incluso Alemania se ha estancado, ya que el crecimiento en sus dos principales mercados de exportación está disminuyendo (el resto de la zona del euro) o aminorándose (China y otros países de Asia).

Además, continúa la balcanización de la actividad, los sistemas bancarios y los mercados de deuda pública, pues los inversores extranjeros huyen de la periferia de la zona del euro y buscan seguridad en el centro. Los niveles de deuda pública y privada son altos y posiblemente insostenibles. Al fin y al cabo, se sigue sin abordar la pérdida de competitividad que propició los déficits externos, mientras que tendencias demográficas adversas, débiles aumentos de la productividad y una lenta aplicación de las reformas estructurales reducen el crecimiento potencial.

En los últimos años hubo algunos avances en la periferia de la zona del euro: se han reducido los déficits fiscales y algunos países acumulan superávits presupuestarios primarios (la balanza fiscal excluye pagos de intereses). Las pérdidas de competitividad se han corregido en parte, pues los sueldos quedaron rezagados respecto del aumento de la productividad, con lo que se han reducido los costos laborales unitarios y están en marcha reformas estructurales.

Pero a corto plazo, la austeridad, salarios más bajos y las reformas son recesivos, mientras que el proceso de ajuste en la zona del euro ha sido asimétrico y recesivo/deflacionario. Los países cuyos gastos superaban sus ingresos se han visto obligados a gastar menos y ahorrar más, con lo que han reducido sus déficits comerciales, pero países como Alemania, que estaban ahorrando excesivamente y acumulando superávits exteriores, no se han visto obligados a hacer un ajuste aumentando la demanda interna, por lo que sus superávits comerciales han seguido siendo grandes.

Entretanto, la unión monetaria sigue padeciendo un desequilibrio inestable: o la zona del euro avanza hacia una integración más plena, o padecerá desunión y tarde o temprano, la ruptura. Y, mientras que los dirigentes de la Unión Europea han publicado propuestas para una unión bancaria y fiscal, Alemania la hace retroceder.Los dirigentes alemanes temen que los elementos de reparto del riesgo con una integración más profunda entrañen una unión de transferencias políticamente inaceptable, en virtud de la cual Alemania y el centro subvencionen a la periferia. Así, Alemania cree que los problemas de la periferia no son por la falta de una unión bancaria o fiscal, sino por la falta de reformas estructurales.


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