La "re-re": ¿qué tan fácil resulta para el Gobierno reformar la Constitución y así impulsar una "Cristina Eterna"?

La discusión por una posible reforma constitucional para habilitar un tercer mandato de la presidenta Cristina Kirchner volvió a tomar temperatura en los últimos días.Distintos representantes del oficialismo consideran que es la mejor candidata por el Frente para la Victoria (FPV) de cara a las elecciones presidenciales de 2015. La realidad es que, al menos por el momento, no cuentan con otro candidato que les asegure un triunfo y la continuidad del modelo.En este contexto, aparece la figura del gobernador bonaerense Daniel Scioli quien no oculta sus intenciones de estar al frente del Poder Ejecutivo nacional a partir de ese año. Pero el mandatario provincial sólo cuenta con el visto bueno de unos pocos representantes oficialistas aunque si de muchas personalidades del peronismo disidente.Así las cosas, el resultado de las elecciones legislativas de este año, que determinarán con cuántos legisladores contará cada partido en el Congreso, será clave. Es que, en la actualidad, el kirchnerismo no posee las dos terceras partes necesarias para garantizar una eventual reforma. 

Por ello, si en dichos comicios el oficialismo lograra un resultado similar al de las presidenciales, se podría llegar a obtener un número suficiente de bancas como para convocar a una Convención Constituyente para modificar la Constitución nacional.

Cómo se reformulan artículos de la Carta MagnaLa Constitución Argentina es rígida, porque no se cambia su articulado según el procedimiento de las leyes comunes. No obstante, el artículo 30 establece que "puede ser reformada en el todo o en cualquiera de sus partes".

En principio, el Congreso debe declarar "la necesidad de la reforma", convocando a una convención constituyente, para lo cual se precisará contar con la aprobación de los dos tercios de la totalidad de los miembros de ambas cámaras (Senado y Diputados).

El mencionado artículo no especifica si deben ser dos tercios de los presentes o del total de cada Cámara, pero ante la importancia del tema se entiende que tiene que ser una mayoría agravada.La declaración que emita el Congreso deberá precisar los puntos de la Constitución a ser modificados por la Convención Constituyente.Un aspecto no menor: al momento de declarar la necesidad de cambio, ambas cámaras deben actuar por separado, dado que en varios artículos de la Constitución, se menciona genéricamente al Parlamento. Además, si legislan conjuntamente prevalecerá la voluntad de la cámara que tenga más miembros (en este caso, Diputados).La ley declarando dicha necesidad podrá establecer el plazo para el funcionamiento de la convención.

Su vencimiento operará la caducidad de la misma y solamente tendrán validez las modificaciones efectuadas hasta ese momento. La Constitución no define cómo se compone la convención, ni de dónde surge, pero en la práctica se convoca a elecciones para votar a los convencionales constituyentes. Se trata de un mecanismo establecido por los legisladores en la referida declaración de necesidad de reforma.Por eso, cuando el Congreso declare esta última deberá determinar el número de los convencionales, su forma de elección y los requisitos que deberán cumplir quienes sean electos. Para establecer qué y cómo se reforma, el Congreso podrá utilizar dos procedimientos: habilitar los temas a ser modificados -señalando meramente qué cuestiones se buscan cambiar y, a tal efecto, la Convención es la que establece su contenido- o redactar un proyecto ya concluido o casi concluido, dejando su aprobación a la Convención, que solo podrá votar por si o por no.¿Es necesaria?Los constitucionalistas Félix Loñ y Daniel Sabsay coincidieron en que, antes de planear un cambio, debería "cumplirse con las modificaciones introducidas en 1994".

"Si queremos una democracia de calidad debemos cumplir con la Constitución y no buscar modificarla. Y falta mucho por hacer para cumplir con la reforma del ´94. Este debate sólo apunta a tratar de lograr la perpetuidad en el poder avasallando a las instituciones, cuando una reforma debe apuntar siempre al beneficio de la sociedad en general y no del gobernante de turno", señaló Loñ.Por ejemplo, indicó que aún falta "la reglamentación del derecho de acceso a la información pública"; la sanción de "un nuevo régimen de coparticipación federal"; el acceso a "vivienda digna"; la "libertad de asociación sindical", y también denunció la distorsión de la figura del jefe de Gabinete y de los organismos de control del Estado.En tanto, Sabsay sostuvo que la reforma de la Carta Magna "no es necesaria ni oportuna", teniendo en cuenta que "hace 18 años hubo una modificación mayor con las incorporaciones más modernas en más de la mitad de los artículos"."El problema es todo lo que no se cumple: en materia de federalismo y todos los mecanismos para atenuar el presidencialismo, que se aplican de manera tan torcida que lejos de atenuarlo hay más hiperpresidencialismo que entonces. Por eso... ¿Para qué vamos a volver a tocarla si todavía está incumplida gran parte?", opinó Sabsay.En este sentido, el especialista consideró que el del oficialismo "es un falso debate" porque "están engañando con que quieren mejorar las instituciones, cuando en realidad lo que buscan es lograr la reelección presidencial indefinida", una modalidad que -subrayó- llevó en muchos casos a gobiernos dictatoriales.Quien sí se mostró a favor de una reforma fue Lisandro Teszkiewicz, presidente de Abogados por la Justicia Social (AJUS). Durante una conferencia, el especialista afirmó que la Constitución de 1994 fue escrita en el auge del neoliberalismo."Tenemos que avanzar hacia una Carta Magna que pueda incorporar la nueva democracia que nació después de la crisis de 2001, que es distinta y presenta nuevos actores", indicó.Sobre el tema de la re-reelección señaló "no veo mal que se reforme la parte sobre la duración de los períodos presidenciales, me encantaría que Cristina siga. No obstante, no creo que sea el centro de lo que hoy necesita una reforma constitucional".

Lo que vieneA fines del año pasado, se dio a conocer un estudio de la consultora Management & Fit sobre la posibilidad de modificar la Carta Magna y que, de esta forma, se incorpore una cláusula que le permita a Cristina Kirchner postularse a un nuevo mandato.En esta encuesta, la idea de los legisladores oficialistas recibió un amplio rechazo, de al menos dos de cada tres personas.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que solo siete de las 28 bancas de senadores opositores serán puestas en juego en los comicios de 2013.Es decir, para que el kirchnerismo por sí solo tenga esperanzas de lograr el cambio, su próxima elección debe ser excelente y la de la oposición, muy mala.Por ese motivo, el jefe del bloque kirchnerista en el Senado, Miguel Ángel Pichetto, reconoció que será necesario un "consenso político" con la oposición si se quiere habilitar la re-reelección.Llegado el caso, Pichetto será el encargado de negociar el respaldo de dos tercios del Senado a la reforma constitucional en su rol de jefe de la bancada kirchnerista.Sin embargo, él mismo reconoce que ese objetivo será muy difícil de concretar: "No sé si se podrá alcanzar la adhesión suficiente para llevar adelante reformas constitucionales que puedan mantener el liderazgo de Cristina Kirchner".Antes del receso legislativo, la mayoría de los senadores y diputados de la oposición firmaron un documento en el que se comprometieron a votar en contra de cualquier proyecto de modificación constitucional que el oficialismo pudiera plantear.

 


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