El país perdió interés para los inversores y se lo considera como a Venezuela, según FIEL

Brasil, Chile, Colombia, México y Perú, por un lado. Venezuela y la Argentina, por otro. Así pueden resumirse las seis horas de exposiciones de la conferencia anual de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), realizada ayer.

De hecho, un ejecutivo de un banco internacional confió a LA NACION durante el almuerzo que la filial local envió a un grupo de ejecutivos a Venezuela para estudiar cómo implementaron allí la ley de entidades financieras, ya que "se considera que Venezuela está unos tres años adelantada a la Argentina". Por su parte, un ejecutivo de una tabacalera reveló la preocupación de la empresa "porque hace un año que no se pueden girar divisas al exterior, y no sé cuánto puede durar esta situación". Se trata de dos sectores fundamentales para la generación de empleo.

Los cincos países que lideran el crecimiento de la región, en un momento en que se ve a América latina como un emergente muy importante a nivel mundial, tienen otro comportamiento político y económico, destinado a aprovechar el ingreso de capitales extranjeros que buscan estabilidad.

"El mundo está complicado, con grandes niveles de deuda pública", dijo José De Gregorio, ex presidente del Banco Central y ex ministro de Economía de Chile. "La posibilidad de que Europa salga del euro es muy baja, y crecerá muy poco en los próximos años; Estados Unidos, con un crecimiento del 2%, se mantendrá en ese ritmo; China, desacelerándose", continuó. "Estos cinco países tienen en común muy buenas políticas macroeconómicas, con énfasis en la baja de la inflación y en el control de la deuda pública. Ahora, ¿hasta cuándo pueden no contaminarse de los problemas económicos globales? Está por verse. Hay que tener la economía preparada para una baja en términos de intercambio."

Joaquín Cottani, economista jefe para América latina del Citi, también se refirió a Brasil, Chile, Colombia, México y Perú. Además de sus políticas internas, fueron favorecidos, al igual que la Argentina, por el auge de las commodities. "Supieron aprovechar un clima de negocios favorable para estimular la entrada de capitales y la inversión directa externa", dijo. Como consecuencia, crecieron los negocios más allá de las materias primas y la acumulación de reservas. El sector público se ve en retirada, mientras que crece la confianza y la inversión del sector privado", finalizó.

En el otro extremo

Por su parte, en la Argentina el gasto público no para de crecer. "Hoy se ubica en el 43,5% del PBI", dijo Daniel Artana, economista jefe de FIEL. Se dan ciertas paradojas. Mientras que el gasto público creció un 2,3% del PBI en materia de educación con respecto a los años 90, las pruebas internacionales PISA ubican a la Argentina en el puesto 58 entre 65 países en materia educativa.

Pero quizá sea el empleo público el tema que más preocupa. Según los datos de FIEL, hoy hay 3,3 millones de trabajadores en ese sector, que creció 46% en 9 años. Representa el 21% del empleo total, es decir, uno de cada 5 ocupados trabaja para el Estado.

"Desde la era Kirchner vivimos un inusitado nivel de bonanza, pero ¿es sustentable?", se preguntó Juan José Cruces, decano de la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato Di Tella. "No", fue su respuesta. Desinversión o bajo crecimiento en sectores clave de infraestructura física como transporte, petróleo y gas, parque eléctrico, entre otros rubros; daño del capital intangible (la reputación del país por el cambio de reglas, credibilidad de las estadísticas públicas, el incremento de la conflictividad laboral, la reducción del patrimonio previsional), y las políticas intervencionistas del Gobierno hacen, según el especialista, que el fin de la bonanza esté peligrosamente cerca.

Para probarlo, presentó un indicador que representa en números la situación actual: la evolución del valor de las empresas en la Argentina y en América latina, cifras que revelan qué piensan los inversores sobre dónde radicar sus inversiones. Tomando como valor 100 el año 2003, hoy una empresa vale en la Argentina 143, mientras que su valor en Perú es 492. "La Argentina se queda muy atrás con respecto al resto de América latina, sacando a Venezuela", comparó Cruces.

Siguiendo esta lógica, el especialista calculó que si alguien invirtió un peso al inicio de cada período presidencial, en la era Néstor Kirchner las empresas se valorizaron hasta llegar a $ 3,79, pero con Cristina Kirchner, bajó a $ 0,59. Es cierto que fueron dos panoramas mundiales totalmente diferentes, uno con viento a favor, y otro más complejo. Sin embargo, en el resto del mundo el valor de esa inversión llegó a un promedio de $ 4,69 durante la presidencia de Néstor Kirchner, y a $ 1,07 durante el mandato de la actual presidenta. Es decir, ninguno de los dos pudo gestionar a nivel medio el crecimiento de las empresas en el país.

"Hoy, las políticas como el cepo cambiario, la estatización de YPF (la cara más visible de los cambios abruptos de reglas) y la intervención a los directorios de empresas privadas, entre otras, agravan la situación de las compañías. Perdimos un 45% del valor bursátil con respecto al resto del mundo. Por eso países similares al nuestro, pero con otras políticas, se han hecho mucho más atractivos para invertir", concluyó Cruces.

Del editor: qué significa.
El capital extranjero, esencial para sostener el crecimiento, busca señales de confianza para invertir en un país. Aquí, por lo visto, no las tiene.

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