Las notas soberanas y las soberanas notas

A partir de la crisis financiera internacional desatada en el año 2008 y, en particular, con la situación de deuda soberana de los países de la Europa mediterránea, ha crecido el cuestionamiento a ciertas calificadoras de riesgo, por su eventual influencia en las dificultades de acceso a los mercado de capitales de dichos países, con argumentos que las consideran «parte del problema» más que de la solución.

Asimismo, ante la propuesta de modificación de la legislación que regula el Mercado de Capitales en la Argentina, también se cuestiona a las calificadoras de riesgo en el plano local y se intenta incrementar la competencia en el rubro, incorporando nuevos actores a la tarea.

Ambas cuestiones merecen un comentario.

Empiezo por la segunda, respaldando con énfasis los argumentos que se han sostenido desde la CNV, para encarar la reforma. Según sus inspiradores (ver, por ejemplo, nota del doctor Héctor Helman, Ámbito Financiero del 6 de noviembre), uno de los pilares de ella consiste en darles mayor protección e igualdad de tratamiento a los pequeños inversores. Precisamente, la calificación de riesgo, por parte de empresas especializadas, con una metodología probada, y debidamente regulada y controlada por la CNV, como lo es ahora, es un elemento básico de protección al inversor, de cualquier tamaño, pero, especialmente, si se trata de inversores pequeños, que carecen de la información y experiencia necesaria para evaluar la calidad crediticia de cada instrumento que se le ofrece, ya sea en forma directa o a través de distintos intermediarios o fondos. Asimismo, también les permiten a los asegurados y/o aportantes a los distintos sistemas de seguro o de ahorro tener un panorama adecuado de la calidad y tipo de inversión que se realizan como respaldo de sus dineros.

Refuerzo

Esta protección al inversor se ve reforzada cuando se analiza el grado de eficiencia de las calificaciones de riesgo realizadas, a través de los años (se pueden consultar, estos estudios, on line, a través de la página de la CNV).

En cuanto a la intención de ampliar la competencia en este rubro, bienvenida sea. Mayor competencia siempre redunda en un beneficio para los clientes y consumidores, en todos los rubros (sería bueno aplicar el mismo criterio en otros mercados), siempre cuidando la transparencia, la igualdad de oportunidades, las mismas responsabilidades ante terceros y en la medida en que no se deteriore la calidad, en beneficio de la cantidad. Cuanto más se entienda que los mercados de capitales (más allá de las precondiciones macro y la independencia judicial) requieren un contexto de amplia protección al inversor para poder desarrollarse -demandantes de fondos baratos hay siempre, el secreto es conseguir oferta-, y más elementos de juicio independiente tengan los inversores para su toma de decisiones, mejor será.

Respecto de las calificaciones soberanas y su responsabilidad en la crisis de la Europa mediterránea, el tema resulta mucho más controversial.

La evaluación del riesgo soberano combina cuestiones objetivas, como la capacidad de pago de los emisores, en función de su panorama macroeconómico, con elementos político sociales, que admiten varias «opiniones», y la calificación de riesgo, si bien experta, no deja de ser una opinión más cuando se trata de elementos tan complejos como las condiciones político-sociales internas que pueden llevar a un país a no hacer frente a sus obligaciones de deuda, bajo ciertas condiciones. Y es cierto, también, como sostienen varios gobiernos, incluyendo el nuestro, que pueden surgir ciertos elementos de «profecía autocumplida». Dado que el «negocio» de los países deudores no es cancelar crédito sino tener capacidad de renovarlo a tasas aceptables, un cambio negativo en la calificación, al limitar el acceso al crédito y/o encarecer la renovación de él, puede agravar los problemas macroeconómicos de base y empeorar la situación hasta convertirla en insostenible.

Sin embargo, la clave siguen siendo las condiciones macroeconómicas y la voluntad de pago de la deuda soberana, dadas las restricciones o posiciones políticas y sociales. Ninguna profecía negativa se «autocumple» si parte de una macro adecuada y hay voluntad de pago.

Por estas razones, es probable que los temas vinculados con la calificación de deuda soberana exijan una mirada más profunda e integral, y obliguen, en el caso europeo, más que buscar calificadores más «benignos», manejos más responsables de la política fiscal.

En síntesis, internamente, bienvenido sea todo aquello que proteja aún más a los inversores, en especial a los pequeños. En lo que respecta a la deuda soberana, en especial en los países desarrollados, independientemente de los cambios necesarios que se realicen sobre la labor de los «examinadores», lo que se requiere son reformas profundas y estructurales en las políticas públicas de los «examinados».



(*) Presidente de Evaluadora Latinoamericana S.A. Calificadora de Riesgo.


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