El microcrédito cubre sólo un 25% de la demanda potencial

Tres de cada cuatro personas que consideran que podrían tomar un microcrédito para mejorar su calidad de vida -ya sea refaccionando su casa o emprendiendo una actividad general en la economía informal- no acceden en la práctica a esa ayuda financiera.

Esa brecha del 75% entre la demanda potencial y la oferta de pequeños préstamos es una realidad revelada por una encuesta de la Escuela de Negocios de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Católica Argentina (UCA). El trabajo -que relevó datos en 2011 y cuyos resultados serán presentados en los próximos días- estima que hay 2.080.187 personas que, teniendo ingresos de hasta $ 4600 mensuales, aceptan o aceptarían endeudarse. Algo más de la mitad -el 55%- vive con menos de $ 2300 mensuales.

La demanda potencial se incrementó un 27% entre 2010 y 2011, según las encuestas de ambos años. Como la oferta no siguió ese ritmo de crecimiento, se amplió la brecha, que en el primer año del relevamiento había sido del 67 por ciento.

De los datos surge que en 2011 hubo 614.868 habitantes que pidieron un crédito, en tanto que 527.432 lograron acceder efectivamente. Más allá de las estimaciones del relevamiento, en la Argentina no existe un registro de la actividad desarrollada por todas las instituciones de las microfinanzas, que en su mayoría son organizaciones no gubernamentales (ONG) que se basan en la modalidad de la garantía solidaria.

Así, los préstamos, de montos reducidos, se reciben al formar parte de un grupo, asumiendo la responsabilidad por el pago de las cuotas propias y de las de los demás integrantes (aunque el dinero se recibe no para proyectos grupales, sino para iniciativas que dependen de cada persona). No entran en juego, por tanto, garantías materiales, dada la vulnerabilidad social de quienes son beneficiarios del sistema, entendido como una herramienta para la lucha contra la pobreza.

"Hay un incremento del deseo de refaccionar o ampliar viviendas y un aumento de la propensión a consumir en los estratos de bajos ingresos de la población", analizó en diálogo con LA NACION Martín Grandes, director del Centro de Investigaciones Aplicadas de la Escuela de Negocios de la UCA e investigador del Conicet. No se percibió, por el contrario, una mayor demanda para emprendimientos económicos.

La mitad de quienes pedirían ayuda, de hecho, lo harían con el fin de mejorar su vivienda -la mayor parte de la población considerada vive en unidades precarias o modestas-, en tanto que un tercio destinaría el dinero a consumo y casi dos de cada diez, a algún emprendimiento productivo.

Entre los potenciales demandantes se considera a trabajadores formales, informales y desocupados. Según zona de residencia, se detectó una mayor concentración en el conurbano bonaerense (principalmente en la zona sur) y en Córdoba, Tucumán, Rosario y Mendoza. La muestra incluyó a 5713 familias de los principales centros urbanos de la Argentina, y para llegar a las conclusiones numéricas citadas en los párrafos anteriores, se extrapolaron los resultados al total del país.

La encuesta detectó también una suba de la tasa de bancarización entre la población con demanda potencial: mientras que en 2010 la proporción era del 20%, en 2011 llegó a 25 por ciento.

Respecto de la población que por sus características -bajos ingresos, necesidad de una mejora en aspectos básicos de la calidad de vida- podría demandar un microcrédito, pero no considera la posibilidad de hacerlo, el trabajo indagó en las razones de la negativa. El 29% dijo que no podría pagar las cuotas y un 16% calificó de muy altas las tasas de interés.

En las Jornadas Anuales de Microfinanzas, que se llevaron a cabo días atrás, el coordinador del Grupo de Tasas de la Red Argentina de Instituciones de Microcrédito (Radim), Diego Anzótegui, detalló en qué se utiliza el rendimiento que tuvo en un año la cartera de préstamos, según un análisis de cuatro grandes instituciones. Señaló que el resultado había sido del 57,4 por ciento y que de cada 100 pesos allí implicados, 38,13 iban al pago de recursos humanos propios; 27,34 al costo del financiamiento de la propia institución; 16,6, a gastos operativos; 11,52 por ciento, a impuestos, y 6,41, a gastos de provisión, por la cartera en riesgo -la mora en el sector suele rondar el 5 por ciento de los saldos-.

Necesidades de crecimiento de la población

  • El techo, primero
    La refacción de la vivienda es la prioridad de la mitad de las personas que solicitarían un préstamo

  • Consumo y trabajo
    Apenas un tercio lo solicitaría para consumo personal, en tanto que dos de cada diez, para algún emprendimiento productivo

  • Organización
    Las ONG son las que motorizan el sistema de microcréditos

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