Medidas que minan a la economía: el modelo K complica a las empresas y reduce su valor

Como si estuvieran sumergidas en el planeta de Angry Birds, el videojuego para pantallas táctiles más exitoso de 2012, las empresas de la Argentina sufren en los últimos años el bombardeo de medidas económicas que las desgastan, desvalorizan y destruyen. Nada de esto es inocuo para los consumidores que, a contramano del discurso gubernamental, asisten a una concentración de la economía, al tiempo que padecen el consecuente aumento de precios, la dificultad para planificar su ahorro y la cada vez más visible escasez y menor variedad de productos.

La batería de "angry K", como podría llamarse al cepo cambiario, las trabas a las importaciones, la prohibición de girar dividendos al exterior y la asfixia fiscal, entre otras medidas, se hizo sentir en la estructura empresarial argentina. Como hacen los belicosos pajaritos del adictivo juego finlandés con las construcciones en las que impactan, estas decisiones tienen efecto destructivo: desde 2011 desaparecieron 44.750 firmas, según un análisis de la consultora Claves.

No sólo eso. El valor de las empresas que cotizan en Bolsa, un barómetro que revela el atractivo para el sector privado de invertir en el país, pasó -sobre un índice de base 100 en 2003- de 300 a inicios de 2011 a 150 hoy, según un estudio de Juan José Cruces, decano de la Escuela de Negocios de la UTDT.

En el mismo contexto externo, pero libres de los "Angry K", las empresas típicas del resto de la región subieron de valor 11%, según este trabajo, mientras que las locales bajaron 23 por ciento. "Evidentemente, el cepo cambiario, la confiscación de YPF, la intervención en las decisiones privadas de las empresas y la inflación, entre otras variables, despiertan mucho temor en el sector privado", opina Cruces.

Si bien todas las medidas demostraron ser nocivas para las empresas, se podría decir que el "Chuck" (pájaro amarillo que en el videojuego creado por Rovio causa mayor daño a las estructuras) de la economía local es el cepo cambiario. Para Aldo Abram, director de Libertad y Progreso, esto destruye a todos aquellos sectores productores de bienes que no tienen protección. "El futuro para aquellos que compitan con importados es bastante pobre", afirma este economista.

El cepo es un verdadero mazazo para las pymes exportadoras y para las economías regionales. Otra vez, como un espejo que adelanta, se puede mirar a Venezuela para ver lo que sucederá acá. Ese país pasó de tener 20% de exportaciones no petroleras en 2003 (cuando impuso su cepo cambiario) a 5% en la actualidad. En el medio, miles de pymes exportadoras quedaron en el camino. "Eso es lo que va a pasar en la Argentina", dice Abram.

Para Henry Lubel, economista de Claves, otro factor de estrés para las empresas este último año fue precisamente la pérdida de competitividad para aquellas que exportan y se enfrentan con competidores a nivel internacional, con los que no pueden competir por tener costos en dólares más elevados. "Esto se refleja en el tipo de cambio real, que, como consecuencia de la inflación, se ha revaluado sustancialmente", acota.

De un solo golpe, el cepo descalabró el andamio de la construcción, motor del modelo kirchnerista. Desde su implantación, el sector perdió 40.000 puestos de trabajo, según el Instituto de Estadísticas de la Construcción (Ieric), y la actividad cayó 3,2%, según el Indec.

Impacto en las góndolas

El perjuicio para el argentino de a pie es palpable en las góndolas: sucede que las "Angry K" han provocado una inflación de 25% anual; pero además, la combinación de obstáculos a la producción, desincentivo a la inversión y trabas a la importación ha hecho que ya se empiece a sentir la escasez de ciertos artículos o, en su caso, la poca variedad de un determinado producto. "¿Qué querés? Preguntale al Gobierno por qué no hay", le respondió el dueño de un comercio de Palermo a un cliente que se quejó porque no encontraba su marca de desodorante.

expectativas de ahorro

Sin haberse robado los huevos de los pajarillos, como hacen los bad pigs (los cerdos malos que en el juego son perseguidos a hondazos), los ciudadanos locales igual reciben una combinación de inflación y cepo cambiario, letal para una variable clave de la economía hogareña: el ahorro. La inflación impide ahorrar en pesos, mientras que el cepo corta la posibilidad de resguardar el poder adquisitivo en moneda estadounidense, algo que, para Milagros Gismondi, economista de Empiria Consultores, afecta las decisiones del consumidor. "El que quiere hacer una maestría o comprar un departamento más adelante, se ve obstaculizado, ya que no sabe cómo guardar ese dinero hasta el momento indicado sin que pierda su valor", ejemplifica la economista.

Según el índice de expectativas de ahorro, que elabora Dardo Ferrer, director de la Fundación Mercado, la expectativa de ahorro en familias pasó de 39% en 2011 a 31,2% en 2012.

Si bien son varias las causas que se combinan para provocar la desaparición de empresas, la AFIP aporta lo suyo, con una de las "Angry K" más acosadoras: la asfixia fiscal. Henry Lubel, economista de Claves, destaca que, cuando se abre el análisis de la disminución de firmas por actividad, se puede ver que son los sectores de mayor mano de obra intensiva los que más cayeron. "Esto se debe a que no pueden soportar los altos costos laborales de tener empleados en blanco, pero sobre todo a una enorme presión fiscal sobre sus ingresos, que, además, no fueron los mejores en el último año", explica Lubel.

La carga tributaria es un "Angry Bird" que engordó sin parar en la Argentina kirchnerista: en los últimos diez años pasó de representar 22% del producto bruto interno (PBI) a significar 37,5% de ese producto, según datos del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf).

Como señala Nadin Argañaraz, director del Iaraf, lo más asfixiante de este gobierno en el tema tributario es que no permite ajustar automáticamente por inflación el impuesto a las ganancias. "Además, en muchos casos subió las alícuotas, como sucedió con las retenciones a las exportaciones agrícolas", acota el economista.

Para Argañaraz, la "Angry K" de la presión fiscal es claramente un factor que corroe la competitividad de la economía local, porque en el fondo a todos los hace menos competitivos tener un Estado tan grande y soportar el peso de financiarlo. Según precisa, hay sectores en el país donde la carga tributaria nacional, provincial y municipal equivale al 50% del valor agregado que genera. "Esto lo puede bancar una empresa grande, pero no una pyme. Entonces, lo que ocurre es que esta pyme evade mientras puede y, cuando ya no puede más, cierra", concluye el director del Iaraf.

Pymes en problemas

En este sentido, el trabajo de Claves muestra que el comercio mayorista y minorista vio desaparecer 11.311 empresas entre 2011 y 2013 (-7,3%); mientras que en el mismo período "hoteles y restaurantes" perdió 3714 (-14,3%); "productos químicos", 107 (-4,33%); "alimentos y bebidas", 711 (-5,39%), y "productos metalmecánicos", 569 (-3,59).

"Es claro que la mayor parte de esta movilidad se corresponde con las empresas más pequeñas, dado que las grandes son pocas y tienen una estabilidad mucho mayor", explican desde Claves. Esto queda en evidencia al abrir el estudio por rango de empleo, donde se observa que de 2011 a 2013 la caída en la cantidad de empresas de hasta 65 empleados fue de casi 8 por ciento.

Pocas "Angry K" tuvieron un efecto tan directo como el que tuvo la prohibición de girar dividendos al exterior sobre la inversión extranjera directa (IED), vital, entre otras cosas, para ampliar capacidad productiva y lograr así aumentar la oferta de bienes (algo que calmaría la inflación). En plena afluencia de inversiones foráneas a América latina, la participación de la Argentina en la recepción de esos fondos es cada vez menor.

Según el trabajo "La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe", elaborado por la Cepal, mientras que en 2008 el país captó 10,5% de toda la IED de la región, en 2011 (último año con datos completos) solo recibió 5,9% de todo el caudal. En ese período, la IED para la región dio un salto y pasó de US$ 92.868 millones a US$ 121.500 millones.

En el juego Angry Birds, la puntería al arrojar los pajaritos con la gomera puede redituar el paso a un nivel superior, la acumulación de estrellas o la obtención de premios especiales. En la economía local, el impacto de las "Angry K" hace desaparecer empresas, baja el valor de las compañías y provoca que a los consumidores les sea cada vez más difícil y caro acceder a lo primordial para su vida: alimentos, indumentaria y vivienda. Con el mismo contexto externo, los vecinos regionales logran exactamente lo contrario... y pasan al siguiente nivel.


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