Lo bueno, lo malo y lo feo

Aunque el nuevo año todavía no comenzó, los pronósticos económicos para 2013 resultan tan conocidos como una película vista varias veces.

Lo bueno es que las estimaciones privadas y oficiales coinciden en que el crecimiento del PBI será mayor al del raquítico 2012, cuando la economía prácticamente se estancó con una suba inferior a 2%, casi imperceptible frente al 8,9% de 2011. Lo malo es que las coincidencias se acaban a la hora de estimar la magnitud del repunte: van de 2,5 a 5%; con el agravante de que los pronósticos más optimistas, anticipados hace un par de meses, comienzan a desactualizarse. Lo peor es que las únicas certezas para 2013 son que se mantendrán el cepo cambiario y el creciente intervencionismo en la economía; causa y efecto del retroceso de la inversión, el freno en la creación de empleos privados y la fuerte desaceleración de la actividad registrada este año. Pero aun en la mejor de las hipótesis, el PBI acumularía en el bienio 2012/ 2013 un crecimiento inferior al de uno solo de los años previos a tasas chinas. Por lo tanto, la película tiene final abierto. Máxime en un año electoral, con una alta inflación que el Gobierno desconoce en los discursos y comenzó a sincerar en los hechos (tarifas de transporte, precios de combustibles), aunque con una política económica imprevisible, alimentada por medidas sorpresivas y aisladas.

Para 2013, los mejores pronósticos se apoyan en dos factores que ahora muestran imprevistos.

Uno de ellos es que la recuperación de la producción agrícola (que debería aportar un mayor ingreso de divisas y de recursos fiscales -vía retenciones-, además de un efecto reactivador sobre otras actividades) se ve últimamente amenazada por las malas condiciones climáticas. La cosecha de soja y maíz, que en la campaña anterior se redujo por la sequía, está afectada ahora por las excepcionales lluvias que demoran o impiden la siembra en varias áreas de la zona núcleo (centro oeste de Buenos Aires, sur de Santa Fe y de Córdoba, más Entre Ríos), donde se teme una fuerte baja de rindes. Otro tanto ocurre en el NOA, pero a la inversa: en noviembre y diciembre casi no hubo lluvias. Hasta mediados de enero será prematuro realizar estimaciones consistentes. Sin embargo, muchos productores creen que, si bien la próxima cosecha superará los magros resultados de la anterior (59,5 millones de toneladas entre ambos cultivos), no alcanzará el récord (de 80 millones) que se preveía hace tres meses (con precios 10% más altos).

El otro factor es la demorada reactivación de la economía brasileña, que cierra 2012 con bajo crecimiento -del orden de 1%- y deprimió la demanda de productos industriales argentinos (en especial automotores). Aquí la perspectiva es más alentadora, aunque el repunte es más débil que lo esperado: para 2013 se prevé un alza de 3,3/3,4%, un punto menos de la que se estimaba hace tres meses. Según la consultora Ecolatina, cada punto de incremento del PBI brasileño genera exportaciones adicionales por unos 650 millones de dólares de manufacturas argentinas hacia ese destino.

De todos modos, el lado bueno del repunte del PBI que se espera para la Argentina en el nuevo año tiene su flanco negativo en el sector externo: a mayor crecimiento, mayores serán las importaciones de gasoil y gas natural. Y si bien el intercambio con Brasil es superavitario para la industria automotriz local, aumentaría el déficit estructural en el sector de autopartes. Paralelamente la continuidad del cepo cambiario, ratificado por la presidenta del Banco Central para mantener frenada la salida de capitales, impide el ingreso de divisas y de inversiones externas, además de mantener deprimidos al mercado inmobiliario y la industria de la construcción.

Para contrarrestar estos efectos restrictivos, el gobierno de Cristina Kirchner ya se aseguró en el Presupuesto 2013 echar mano a unos 4000 millones de dólares de reservas del BCRA, al evitar el pago del Cupón PBI debido al bajo crecimiento de este año. También reforzará la estrategia de "vivir con lo nuestro" e intentar reactivar la economía con varios planes en marcha, basados en créditos dirigidos y subsidiados con recursos estatales y privados. Entre ellos, los destinados a construcción de viviendas (ProCreAR); a nuevas plantas fabriles (Plan Bicentenario) y a financiar proyectos productivos de empresas de todo tamaño. La financiación provendrá de la Anses, redescuentos del BCRA y la exigencia a una treintena de bancos de prestar otro 5% de sus depósitos a tasa subsidiada. A estos deben sumarse la obligación impuesta a las compañías aseguradoras (PlanES) de destinar parte de su cartera a "inversiones elegibles" por el Gobierno (entre ellas, fondos pymes y obligaciones negociables de YPF), y el fondo para inversiones en infraestructura energética, alimentado con los nuevos cargos fijos en las tarifas de electricidad y gas. Otra apuesta oficial es al ambicioso plan de inversiones de YPF, cuya caja acaba de ser reforzada con los aumentos en los precios de sus combustibles, que se suman a los dispuestos para el gas en boca de pozo y les aportan a Chevron y Bridas como futuros socios.

Los analistas aún no se ponen de acuerdo con el impacto de estos planes sobre el PBI, aunque algunos (como el Estudio Broda) arriesgan que podrían aportar un punto o algo más, si aquellas inversiones marcharan a buen ritmo para compensar las menores estimaciones de cosecha y de reactivación brasileña.

Objetivo incierto

La contrapartida es que en un año electoral, en el que se juega mucho más que la renovación de las cámaras legislativas, el clima político e institucional torna más incierto el objetivo oficial de que el PBI crezca más que este año y la inflación deje de subir, aunque no baje.

Por un lado, resulta inverosímil que en 2013 el gasto público aumentará apenas el 16% previsto en el Presupuesto, sobre todo cuando el Gobierno acaba de subir de un plumazo (vía DNU) el gasto de este año en 51.400 millones de pesos y cuya mayor parte es financiado por la "maquinita" del BCRA. Pero el déficit fiscal, que ahora alcanza a 2,5% del PBI, también le impone límites: cada punto extra de déficit significaría emitir casi 10.000 millones de pesos adicionales, a riesgo de mayores presiones inflacionarias y/o cambiarias.

Por otro, el gobierno de CFK busca atacar la inflación en pesos y en dólares (debido al retraso cambiario) con un remedio peor de la enfermedad: un pacto social para que los salarios se ajusten en paritarias por debajo de la inflación de 2012, al igual que la demorada actualización del mínimo no imponible de ganancias. Un objetivo imposible de lograr sin un plan articulado y con el sindicalismo dividido.

Aun así, el mayor contrapeso para la economía es la permanente confrontación del cristinismo con todos los sectores que no comparten sus políticas ni su relato. Por caso, la intempestiva confiscación por decreto del predio ferial de Palermo no afecta sólo a la Sociedad Rural: también desalienta la inversión de quienes temen correr igual suerte, aunque sólo tengan la modesta pretensión de que en 2013 la Argentina vuelva a ser un país más normal para tomar decisiones.


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