Ni Krugman puede defender ya a la Presidenta

Cristina Kirchner alguna vez utilizó dichos del premio Nobel de Economía Paul Krugman para defender sus políticas. Y el propio Krugman alguna vez defendió a la Argentina, apenas mirando la evolución del PBI y saliendo en defensa del Gobierno, con una "miradita" más que superficial de la evolución económica nacional. Si sólo importara el PBI, ¿qué problemas son el corralito, la hiperdevaluación o la pesificación asimétrica?

Cuando habla con un poco más de profundidad, aunque sea en un texto de divulgación, es más difícil encontrar justificaciones de los colosales desequilibrios argentinos.

En su reciente libro End This Depression Now! , publicado aquí como ¡Acabemos ya con esta crisis!, el columnista de The New York Times discute acerca de los efectos inflacionarios de la emisión monetaria. Y va sobre un tema que aquí apasiona, porque el Gobierno está emitiendo muchísimo. La Presidenta y la jefa del Banco Central dicen que no hay problema. Mercedes Marcó del Pont sostiene: "Es totalmente falso decir que la emisión genera inflación. Solamente en la Argentina se mantiene esa idea de que la expansión de la cantidad de dinero genera inflación". Se lo dijo a Página 12 hace poco menos de un año a raíz de la reforma de la Carta Orgánica. Y sostuvo que quienes dicen eso quieren instalar pánico.

Pero Krugman escribió: "Todo el mundo sabe que, por norma general, imprimir grandes cantidades de dinero resulta en efecto un factor inflacionario". ¿Querrá Krugman meter pánico, será un ortodoxo? No parece, aunque la semana pasada se burló en su blog en The New York Times de alguien que lo acusó de serlo.

¿Cuándo la emisión no es inflacionaria? El premio Nobel admite una excepción, que es la que le ha permitido a Estados Unidos emitir miles y miles de millones de dólares para conjurar la crisis sin que haya, por ahora, aumento sostenido y generalizado de los precios. Es cuando hay "trampa de liquidez". ¿Qué es? Un concepto instalado por John Maynard Keynes. Para decirlo sencillamente, es lo que ocurre cuando por miedo a lo que puede ocurrir la gente y las empresas no gastan su dinero aunque se lo regalen. Lo cual tiene efectos recesivos.

¿Pasa eso en la Argentina hoy? Claro que no. La gente recibe pesos y huye a cambiarlos por cosas, servicios u otras monedas. A toda velocidad. "Cuando un país no se encuentra inmerso en una trampa de liquidez, entonces imprimir mucho dinero resulta en efecto un factor inflacionario", dice Krugman.

La Presidenta, huérfana de respaldo intelectual sólido, recibe en cambio trabajos de propaganda que pretenden hacer creer que los controles de precios alguna vez funcionaron. Es el problema de los congelamientos de precios: que por un tiempo funcionan. Crean la sensación de que todo se ha solucionado, acumulan desequilibrios monstruosos y luego causan estallidos que son muy dañinos para aquellos a los que se quiso proteger.

Decir que a veces funcionan es como señalar que el tabaquismo no causa problemas o que el consumo de cocaína no tiene malas consecuencias simplemente porque no matan de inmediato.

Para decir que los congelamientos de precios de José Ber Gelbard funcionaron sólo hay que mirar las estadísticas de inflación hasta el día en que renunció y no prestar atención, además, al desabastecimiento. Las colas para comprar querosén, cigarrillos, azúcar y papel higiénico. Para creer que el "control" de precios de fines de 2006 de Guillermo Moreno y Néstor Kirchner funcionó bien hay que sostener las tergiversaciones que se han hecho con el Indec, sus profesionales y las estadísticas. Y olvidarse de que destruyeron el mercado de carne bovina, entre otros.

La Argentina padeció muchos años problemas de altísima inflación. Hoy ha vuelto. Krugman se permite elogiar un paper que Olivier Blanchard escribió en 2010, cuando era economista jefe del FMI. Blanchard cree que habría que ser más tolerante con las metas de inflación. ¿Cuánto es tolerable? Cuatro por ciento. Si las mentiras del Indec fueran ciertas, igual la situación es desastrosa.

La Argentina, como esos obesos que bajan violentamente de peso y luego vuelven a aumentar, tuvo en sus períodos de mayor inflación algunos períodos cortos de bajos incrementos de precios. Como a los que de golpe adelgazan y les baila el cuello de las camisas. Pero el problema de fondo no estaba arreglado. En los términos de Krugman, pareciera que, como están las cosas, sólo una profunda recesión podría parar los precios. Pero la Presidenta necesita encontrar un remedio que no sea peor que la enfermedad. Hasta ahora, no va por buen camino.


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