Como un juego de azar

Todo al 20 (por ciento). Al menos en los papeles, ésta es la incierta pauta implícita de 20% para homologar aumentos en paritarias. También el polémico Guillermo Moreno reveló una pauta cambiaria de 20%, cuando sugirió informalmente que el dólar oficial -ahora en 5 pesos- se ubicará en 6 pesos en diciembre de 2013, a fin de evitar teóricamente una mayor suba de costos en dólares.

Para reforzar esta apuesta apareció ahora el luce como un parche para comprar tiempo a costa de aportar mayor incertidumbre sobre el futuro de la política económica. Pulsar el botón de pausa por 60 días congela el cuadro de una película que por ahora nadie sabe cómo sigue. Y poco ayuda a enfriar las expectativas inflacionarias y cambiarias, cuando las principales incógnitas pasan por el aumento del gasto público en un año de elecciones (sin ellas, en 2012 creció 32%) y el financiamiento del bache fiscal con emisión monetaria del Banco Central (que trepó casi 40% el año pasado). También sobre qué ocurrirá con los precios de los combustibles, los subsidios, las tarifas públicas o la mayor presión impositiva (nacional, provincial y municipal) que viene restando recursos al consumo privado.

Si bien fue presentado como un "acuerdo" con las grandes cadenas de supermercados y de electrodomésticos, este congelamiento surgió por sorpresa, como todas las medidas económicas de la era cristinista. Incluso apenas diez días después de que la propia Presidenta expresara públicamente que los acuerdos de precios no sirven. Pero, más allá de esta explícita confesión sobre el fracaso de este tipo de medidas en distintas épocas, refuerza la impresión de que la política económica se ha convertido en una suerte de juego de azar, en el que el intervencionismo estatal puede alcanzar a algunos sectores y dejar fuera a otros.

En la práctica implica reconocer que la inflación preocupa al Gobierno mucho más de lo que dice, aunque el congelamiento no signifique contener todos los precios, sino los de la porción de bienes de consumo de mayor impacto sobre los bolsillos, dentro de un amplio universo de productos y servicios excluidos. Esto generará seguramente una mayor distorsión de precios relativos. Y haberlo limitado a dos meses (con los riesgos que implica el "día 61"), que la estrategia por ahora no va más allá del intento de contener los reclamos sindicales en las paritarias. De ahí que empresarios afectados directa o indirectamente por la medida se apresuraran a utilizarla como argumento para declarar que ven inviables ajustes salariales del orden de 25 o 30 por ciento. Probablemente porque, con los controles cruzados dentro de la cadena de producción y comercialización, les será más difícil trasladar aumentos de costos a los precios.

Aquí se presentan varios problemas simultáneos de resolución azarosa. El principal es la fractura del frente sindical, promovida por el propio Gobierno y que torna más conflictivas las negociaciones al generar más competencia entre gremios y, en muchos casos, dentro de ellos. Otro es que no será fácil convencer a los sindicalistas de resignar aumentos en función de la inflación pasada (25%) sin pistas sobre la inflación futura. Máxime después de la "amarreta" actualización del piso salarial de Ganancias, que incluso descolocó a los dirigentes más cercanos al oficialismo. Tampoco es un beneficio para los consumidores que el congelamiento derive en la virtual desaparición de la competencia entre las grandes cadenas de supermercados para ofrecer descuentos por volúmenes en los que sacrificaban rentabilidad por producto a cambio de mayor facturación y que hasta ahora les resultaba difícil desactivar. Para el gobierno de CFK, en cambio, el rédito está en otro subproducto: la mortificación que provocará la reducción de avisos publicitarios con esas promociones en los diarios de mayor circulación, inducida bajo presión como si fuera una sanción política a los medios no subsidiados por la pauta oficial.

Por el lado empresario también abundan las incógnitas. Nadie sabe qué ocurrirá con la política de precios después del 1º de abril, ni cuál será la actitud oficial ante reclamos salariales como los de camioneros (30%); los trabajadores de la alimentación (35%) ni la paritaria mercantil, por citar casos que pueden influir en el día después del congelamiento, que algunos dirigentes gremiales ya plantean extender más allá de aquella fecha, cuando todavía faltarán más de seis meses para las elecciones legislativas.

Ruidos al por mayor

Sin embargo, el mayor interrogante es si este congelamiento parcial y transitorio de precios es otro eslabón suelto o podría formar parte de un plan más amplio para contener de alguna manera las expectativas inflacionarias en el año electoral, que además arrancó con la disparada del dólar paralelo a niveles cercanos a los 8 pesos.

De ahí que en las últimas semanas hayan proliferado todo tipo de rumores sobre supuestas medidas económicas de alto impacto, que nadie sensatamente puede corroborar, ni tampoco descartar de plano. Sobre todo, en función de la experiencia de los 13 meses del segundo mandato de CFK.

Quienes descreen de la posibilidad de una política antiinflacionaria articulada se basan -con razón- en el esquema decisorio del Gobierno centralizado en la Presidenta, más proclive a apelar al factor sorpresa y anunciar medidas puntuales. También sostienen que sin reconocer públicamente la magnitud de la inflación, mal puede elaborarse un plan sustentable para frenarla, más allá de parches parciales y aislados. Sobre todo para un gobierno que hace del aumento del gasto público su razón de ser y apela a la maquinita del BCRA para financiarlo vía impuesto inflacionario, aunque endose a gobernadores e intendentes el costo político de subir la presión fiscal en sus jurisdicciones.

Por razones similares también están quienes creen en los rumores según los cuales en la perinola oficial todavía pueden aparecer sorpresas de aquí a octubre. Aún contradictorios, entre ellos sobresalen un cambio de signo monetario (¿el "federal"?) con quita de un cero; un dólar turístico oficial o bien tipos de cambios múltiples y, para reactivar la economía, desgravaciones impositivas (o la alternativa de un blanqueo) dirigidas a bonos de YPF o construcción de viviendas. Como la política económica se ha convertido en un virtual juego de azar, con poco o nada de lógica, todo puede ser o no ser.


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