La idea de progresar reemplazo la desesperada busqueda de empleo

Buenos Aires, 3 de noviembre (Télam).- Los jóvenes y los no tanto que concurren a los talleres de formación en industria textil de La Salada no lo hacen por la necesidad de conseguir un empleo, porque casi todos ellos ya lo tienen, sino que su objetivo es el de progresar y mejorar su calidad de vida.

A diferencia de una década atrás, cuando la desocupación afectaba a casi la mitad de la población argentina, los que toman los cursos coinciden en que con sus actuales trabajos pueden alimentarse y mantener a sus familias, pero hablan de ir por nuevos sueños como el auto y la casa propia.

La mayoría de ellos ya tiene alguna vinculación con La Salada: son revendedores, carreros o recicladores de basura.

Los carreros son aquellos que cargan sus carros con la mercadería que algún particular compra en la feria y la llevan desde el puesto hasta su vehículo, el remís, el micro o la combi que lo espera a varias cuadras del predio.

Como Job Aguilar, que va todos los días desde Ezeiza al complejo “Punta Mogotes”.

“Me ofrecieron empezar a aprender un oficio para poder hacer un microemprendimiento el día de mañana con el conocimiento que tenemos hoy”, precisó a Télam.

Job destacó que trabaja “hace diez años en la feria, de carrero”, y añadió que quien les entrega el chaleco que los habilita a trabajar le propuso “si quería venir a aprender”.

“Mi objetivo es dejar de vivir de carrero y montar mi propio negocio. Soy boxeador, pero vengo acá porque el conocimiento no está de más y me abre la posibilidad de otras expectativas. Me gustaría ser cortador, porque es un sueño que tengo para mejorar mi vida, tener un negocio”, señaló Job.

Claudio Rolón, 28 años, del Barrio Hernández de La Salada, también es carrero, y para él acceder a estos cursos “es una gran oportunidad”, porque “a todos nos gusta progresar en la vida, no es solo trabajar de carrero”.

“Pero todos soñamos con un futuro mejor, tener nuestro coche, nuestra propia casa. Me gustaría tener mi negocio de prendas porque es rentable”, señaló Claudio.

Para Brigitte Ramírez, 20 años, porteña del Bajo Flores, “está bueno capacitarse, sumar conocimiento”, y apunta a formarse “para poder confeccionar mi ropa, armar un microemprendimiento”.

“Acá te enseñan a armar tu propio negocio, tener una visión personal, propia. Y si el día de mañana uno no puede hacer su propio negocio y va a pedir trabajo, saber qué pedir, es otro tipo de conocimiento”, indicó Brigitte.

También Herminda Villalobos, boliviana, habitante de La Salada, quiere “fabricar ropa. Quiero aprender cómo se usan las máquinas”.

“Trabajo en la feria, soy revendedora. Y me gustaría tener un taller y vender lo que hago, así sería más cómodo”, señaló Herminda.

Otro carrero, Marcos, de Berazategui, aseguró que concurre a los talleres “con ganas de aprender y generar mi propio recurso”.

“Quiero poner un negocio que sea rentable, salir del carro”, afirmó Marcos, quien explicó que en los talleres “se enseña todo lo que es corte y confección, moldería, costura”.

Remarcó que si le dan “la oportunidad de seguir aprendiendo, voy a hacer mi propio emprendimiento. Sueño con tener un negocio en casa, pero para arrancar hay que hacerse de abajo”.

Sueños también tiene Buenaventura Jiménez, 51 años, de Villa Fiorito, quien quiere llegar “a ser tallerista o puestero, ya que mi trabajo de carrero tiene poco futuro”.

En cambio se imagina “con la posibilidad de ser tallerista o un cortador”, porque consideró que “son oficios con porvenir”.

“Pienso que vamos a poder tener un futuro mucho mejor. Estoy contento, conforme. Soy una persona muy optimista, me gustaría llegar a ser un puestero más, alquilar un puestito en la feria y vender la mercadería que pueda llegar a fraccionar, cortar mi propia ropa y mandar a fabricar”, señaló Buenaventura.

Mónica Martínez, 46 años, de San Justo, está interesada en “tener una mejor salida laboral”, y para ello desea “aprender bien el oficio de cortado y confección”.

“Si bien en casa yo hacía prendas, no es lo mismo que tener una base técnica para aprender el oficio. Crear mis propias prendas, hacer diseños para modificar lo que se ve es lo que quiero hacer”, precisó Mónica.

Un caso paradigmático es el de Roberto Torres, 63 años, boliviano, que “trabajaba en la mina de Sierra Grande, en Río Negro”, pero subrayó que ese emprendimiento “se cerró y todo el pueblo se fundió”, durante el gobierno de Carlos Menem.

“Me quedé sin trabajo. Por una cosa u otra llegué a La Salada y empecé a comprar y a vender ropa. Ahora quiero organizar una pequeña cooperativa para producir, ese es mi proyecto”, destacó Roberto.

Añadió que su objetivo es “tratar de lograr un emprendimiento en forma de cooperativa y producir para tener trabajo”.

“Fuimos a la universidad a hacer moldes, dibujos, figurines, ahí me di cuenta que puedo dibujar, no sé de donde, yo nunca había dibujado en mi vida, y resulta que puedo dibujar rostros”, precisó sin disimular su alegría.

Insistió con que su expectativa “es tratar de organizar la cooperativa y tener una mejor calidad de vida, eso es lo que estoy buscando”.

“Comprando y vendiendo vivo, pero a los tirones. Quiero mejorar mi calidad de vida”, afirmó el ex minero. (Télam).- ls-gel 03/11/2012 08:47


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