Envuelto en escepticismo, el mercado del trabajo se revoluciona

"Imagine organizaciones en las que los jefes den a los empleados una libertad enorme para decidir lo que quieren hacer y cuándo quieren hacerlo. Imagine a esos trabajadores pudiendo elegir a sus propios jefes y votando en las decisiones más importantes de la compañía. Imagine a organizaciones en las que los trabajadores no son empleados para nada, sino freelancers conectados electrónicamente. E imagine cómo como toda esta libertad en los negocios les dará a las personas más tiempo para hacer lo que realmente quieren en la vida", enumera en el inicio de su libro el profesor del MIT Sloan School of Management, Thomas W. Malone, llamado El futuro del trabajo. Y remata: "Estas cosas ya están pasando hoy y pueden incrementarse en el futuro".

El mundo del trabajo se revoluciona y la palabra clave parece ser: flexibilidad. En contextos de mayor incertidumbre, crisis mediante, las empresas buscan hacerse más adaptables y reducir tanto su exposición al riesgo como sus costos laborales.

Pero esta tendencia que podría parecer contraproducente para el bienestar y la estabilidad de los trabajadores en relación de dependencia o incluso impulsar una suerte de precarización del trabajo surge en momentos en que un determinado espíritu de época -caracterizado por la búsqueda de una mayor autonomía frente al trabajo y sus estructuras más rígidas- gana espacio en la sociedad y, particularmente, entre las generaciones más jóvenes.

Gracias al abaratamiento de los costos de la comunicación -Internet- el mercado del trabajo tiende a ser global. Las empresas trabajarán por objetivos con un núcleo duro de trabajadores y una constelación de colaboradores externos, mientras que el trabajo cambiará de signo para muchos: de estable a temporal.Los contratistas particulares serán moneda corriente.

Los números dan cuenta de este fenómeno. Según una encuesta de FreelancersUnion.org en 2011, en el mundo hay registrados 3,8 millones de freelancers de unos 32 años de edad promedio, de los cuales 76,6% son hombres y 23,4%, mujeres. Hay publicados cerca de 6400 proyectos por día y cada trabajo está en el orden de los US$ 550 promedio.

En la Argentina, según el Ministerio de Trabajo, hay datos que avalan el inicio de esta nueva estructura laboral. En 2011 eran 1,6 millones de argentinos (6% de la población empleada) los que trabajaban a distancia. De ese total, 130.000 lo hacían en relación de dependencia. El resto son cuentapropistas.

La encuesta de FreelancersUnion.org reveló además que las empresas comienzan a ver esta manera de trabajar como una oportunidad para reducir los gastos operativos hasta en un 40 por ciento. Una de cada cuatro firmas planea aumentar su presupuesto en outsourcing en un 25% para 2013.

Otra de las modalidades de trabajo que se caracteriza por su falta de estabilidad y que crece cada día más es el trabajo eventual. Este año, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) indicó que, como causa de la crisis económica global, la mitad de los jóvenes del mundo trabajan con contratos temporales, frente a 20% entre los adultos. Según la OIT, es una "opción de último recurso" y no, como lo era anteriormente, una forma de "adquirir experiencia".

En el país, según datos de la Federación Argentina de Empresas de Trabajo Temporario (Faett), hay 85.000 trabajadores temporarios, cifra que, dicen, se encuentra amesetada. Según datos de esta entidad, entre 2011 y 2015, se deberían crear cerca de 3,2 millones de nuevos puestos de trabajo para mantener los índices actuales de desocupación (7,6%) y subocupación (9,10%). Más del 40% serían cubiertos por empresas de servicios eventuales.

"El fenómeno de empleos que no suponen una relación salarial estable se está extendiendo", afirma a LA NACION el economista de la OIT Raymond Torres. "Se debe a muchos factores, pero el principal es la combinación de la crisis, que incrementa la incertidumbre entre los empresarios, por lo que son cada vez más reacios a dar contratos estables, y los cambios tecnológicos y en la organización del trabajo, que permite fragmentar el proceso productivo", explica el especialista, desde Moscú.

Torres admite que es cierto que "algunos profesionales" y "personal cualificado" se benefician de ese fenómeno. Es más, la fragmentación del proceso productivo facilita la identificación de "star performers" o una estrella de nicho.

"Éstos adquieren mayor capacidad de negociación y mayores ganancias con respecto a otros colectivos", afirma Torres, pero agrega: "Para otros muchos asalariados, estos cambios suponen mayor precariedad y un estancamiento de sus rentas".

"La búsqueda de condiciones de trabajo adaptables se origina en necesidades tanto de las organizaciones como de los individuos", confirma el profesor de Prácticas de Dirección del área Comportamiento Humano en la Organización del IAE, Eugenio Marchiori. El grado de interconectividad de información, de personas y de bienes impulsados por los avances tecnológicos, crea nuevos hábitos sociales no imaginados unos cuantos años atrás. "Si tanto personas como empresas buscan ser más flexibles y desestructuradas, es de esperar que la tendencia se consolide", agrega.

La Generación Y, los nacidos entre 1982 y 1995, apalancan los cambios sociales en relación con el trabajo desde el empleado. "Se pasó del control, la obediencia y la obligación necesarias en la etapa de producción industrial a un eje en la realización personal y la colaboración responsable", completa el filósofo Leopoldo Kohon.

Según el pensador, la nueva tendencia en las relaciones sociales y del trabajo tiene una raíz histórica. El reemplazo del trabajador con funciones repetitivas gracias al avance de la robótica produjo que el hombre ya no sólo sea un complemento de la máquina. "Esto creó una relación más humanista con la producción en la que se dio una relación más espiritual y más llena de sentido. El hombre deja de ser un instrumento para la producción, y las actividades productivas empiezan a derivar en tareas más humanas."

Estos cambios históricos, y muchos otros, abren el camino para la convivencia de las viejas estructuras -más rígidas- del trabajo y un nuevo espíritu de época o paradigma que elimina al trabajo como centro de identificación individual y lo pone como medio al servicio del disfrute y goce del tiempo libre y el consumo.

Los nuevos actores

La intención de una mayor autonomía de los trabajadores y de una nueva capacidad de adaptación de las empresas comienza a generar un nicho -fundamentalmente tecnológico- basado en la necesidad de encuentro de ambas puntas.

"No será un cambio abrupto. Va a haber una transición", cuenta Sebastián Siseles, director regional de FreeLancer.com, un portal que se encarga de combinar ofertas de proyectos y trabajadores freelance. El sitio de capitales australianos tiene actualmente tiene 6,7 millones de usuarios en el mundo y 25.700 en el país.

"Si lo usa bien y larga el traje y la corbata van a mejorar sus ingresos y su calidad de vida. Tendrá flexibilidad y será el amo y señor de tu destino", afirma. "Hay que pensar que a nuestra generación nos gustaba el traje y la corbata y venir a trabajar al centro, pero a la Generación Y no le gusta. A ellos les gusta la calidad de vida. Hoy exigen esto, pero en el futuro van a ser jefes y lo van a imponer."

Consultado sobre si la idea de mercado global y competencia no generan una fuerte baja de los ingresos para los trabajadores, dice que no. "El precio es una variable, pero quienes contratan lo hacen mirando la reputación, o sea, la calidad y el tiempo de entrega", explica Siseles.

"Se va hacia estructuras más flexibles. Si tengo dinero y proyectos contrato y sino, no", explica Jorge Araujo, director general de Nubelo Argentina y Chile. "No hay límites. Vos elegís tus horarios de trabajo, tus clientes y tu lugar de trabajo. Te da mucha libertad", dice el ejecutivo del portal recién nacido y exclusivamente dedicado a hispanoamérica.

"En el país, aún se puede hablar del trabajo de por vida. No cambió el concepto de que el trabajo se agota. Todavía se piensa en el trabajo temporario como un trabajo precario -dice Ricardo Gonzáles, director de la empresa de servicios de trabajo eventual Pullmen-. Pero la tendencia en el mundo es el trabajo flexible y las empresas de servicios eventuales contribuyen a la reinserción de la gente".


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