Hasta las elecciones, no esperan cambios en la política cambiaria

Es un hecho: el año cerrará como el primero de la era kirchnerista en el que el Gobierno permitió una mayor devaluación del peso frente al dólar: medida punta a punta, se ubicará entre 14 y 15%, tasa superior al corrimiento que favoreció en el bienio 2010/11 y superior de 5 a 13 puntos porcentuales a cualquiera de las registradas de 2003 en adelante.

El resultado es, básicamente, consecuencia del mayor ritmo de deslizamiento que validó el Banco Central (BCRA) en el tipo de cambio oficial (precio vital para las empresas vinculadas con el comercio exterior) en los últimos meses, luego de haber logrado el Gobierno -con mecanismos paraoficiales- mantener estabilizado el dólar paralelo.

No en vano, mientras durante el primer semestre la cotización oficial avanzó a un ritmo de 0,8% mensual, en la segunda mitad duplicó su velocidad: lo hizo de 1,5 a 1,6 por ciento.

El punto es que el ritmo cansino que mostraba la tasa de devaluación del peso contra el dólar oficial es, para los analistas, cosa del pasado, según comprobó LA NACION tras realizar una serie de consultas entre economistas y recoger pronósticos de bancos y empresas.

La conclusión es que esperan que, de aquí en más, la tasa de devaluación mantenga la velocidad crucero (de 18 a 21% anualizada) que mostró en los últimos meses, en un intento por no rezagarse más frente a una tasa de inflación real que se mantendrá elevada, o frente a la cotización del dólar paralelo, que se espera firme.

Pero la novedad es que buena parte de esas proyecciones llegan a fin de año con salvedades o anotaciones al margen: plantan un asterisco tras las elecciones legislativas de octubre, para comenzar a alertar que, llegado ese momento y frente a la dimensión que alcanzaría el atraso cambiario, el Gobierno se verá tentado de avanzar hacia un desdoblamiento oficial del mercado, con tipos de cambio múltiples (para la industria, el agro y el turismo), al estilo de lo planteado por el viceministro de Economía, Axel Kicillof, hace unos años en un trabajo realizado para el Centro de Estudios para el Desarrollo argentino (Cenda).

El precio del dólar oficial estaría rondando los $ 6 hacia el fin de 2013, lejos del escenario originalmente planteado por el Gobierno en el presupuesto (proyectó un dólar promedio a $ 5,10), pero con un nivel de ajuste nominal aún insuficiente para evitar que el país siga resignando competitividad cambiaria.

El retraso cambiario, que encarece al país en moneda dura y genera sensación de riqueza cuando se sale al exterior, es un fenómeno del que puede dar fe cualquier argentino que haya tenido la posibilidad de viajar. Los economistas lo calculan de distintas maneras, pero coinciden en que se trata de un fenómeno con el que la Argentina se reencontró en los últimos años.

Con los ajustes al estilo "tablita" que ejecuta, el BCRA logró una depreciación nominal multilateral del orden de 10 a 11% en 2012, según el índice de tipo de cambio real multilateral de la consultora Ledesma.

Sin embargo, el elevado diferencial de inflación existente entre la Argentina y la mayoría de los mercados con que el país comercia (que fue de 19% frente a Brasil y de 22% respecto de Estados Unidos) hizo que esa depreciación nominal se transforme en una apreciación real. Así, aunque es reduccionista decirlo de esa manera, la diferencia que surge de esa cuenta es competitividad perdida.

En la consultora ACM estiman la apreciación del tipo de cambio real en 7% frente al dólar y en 11% en términos multilaterales, durante este año. "Esta última variable ya está 34% por debajo de diciembre de 2007", dicen.

Pero la mirada de los hombres de negocios se concentra en trazar escenarios para anticipar cómo será la versión 2013 de la política de "administración del tipo de cambio", que tanto reivindica el Gobierno.

Las proyecciones

En ese sentido, concluyen que insistirá en más de lo mismo: deslizamientos lentos y progresivos a un ritmo mayor que el visto en los últimos años, aunque no muy distinto al aplicado en los últimos meses. ¿La razón? No soltar la última ancla antiinflacionaria que le queda a la economía, ahora que los postergados aumentos en transporte y energía ya no ayudarán a disimular en los bolsillos de los ciudadanos los sostenidos y cada vez más notorios ajustes en servicios y componentes de la canasta básica familiar.

Las proyecciones descontaban que la política represiva no variará, aun antes de que la jefa del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, oficializara en las últimas horas esa determinación. Es decir, incluían que el cepo, las trabas al giro de utilidades y una administración detallista de las importaciones se mantendrán, más allá de algún relajamiento parcial en este último caso.

En los estudios de Miguel Ángel Broda y Miguel Bein, proyectan que a fin de 2013 el valor del dólar oficial se ubicará entre 5,80 y 5,83 pesos. También, que la brecha con el paralelo, más allá de algunos vaivenes temporales, "se mantendrá en los niveles actuales", entre otras cosas, ante "el elevado stock de divisas que se mantiene en manos de los argentinos y el aumento transitorio previsto en la oferta de dólares durante 2013".

Federico Muñoz, de la consultora homónima, proyecta un dólar en torno a los $ 6 para fin de 2013, pero con una ampliación de 30 a cerca de 50% en la distancia que lo separará del paralelo. Y su colega de Prefinex Nicolás Bridger espera un corrimiento del orden de 20%, "porque el Gobierno ya tomó nota de que la pérdida de competitividad derivada de su política cambiaria comienza a afectar las exportaciones. Ya vimos caídas interanuales en las cantidades exportadas en el segundo y el tercer trimestre, y en la medida en que el tipo de cambio real se siga apreciando, producto de una depreciación nominal por debajo de la inflación, esa situación se acentuará", prosigue.

En Ecolatina auguran una depreciación algo menor. "Proyectamos un ajuste de 18% respecto del promedio actual, de lo que surge un precio aproximado de $ 5,75", dice Marco Lavagna, hijo del ex ministro de Economía. "Si bien se abandona el deslizamiento al 5% promedio anual del período 2004/2011, y la actualización será superior a 14% con que cerrará 2012, no vemos desbordes. Será un año electoral", explicó.

Carlos Melconian, en cambio, es reacio a ponerle valores al dólar. "Lo que te puedo decir es que el BCRA intentará sostener un ritmo de devaluación de 20 a 22%, pero me parece difícil que pueda evitar la filtración a precios y costos en un escenario macro menos recesivo que el de 2012", dice. En este contexto, la brecha con el paralelo "seguirá a la tasa de inflación real, con un BCRA que intentará acelerar la devaluación cuando esa brecha se estabilice y la frenará cuando tienda a escaparse, como ya hizo".

Pero la novedad ya no está dada en el precio, sino en las estimaciones sobre el devenir de la política que se esperan para la parte final del año. "Mentiría si dijera que no espero para la última parte de 2013 que renazca la discusión sobre la posibilidad de ir hacia un sistema de tipo de cambios múltiples", dice Broda.

"El desdoblamiento es lo que sigue en el manual de los heterodoxos. Ya lo intentaron los radicales en el 87 y, en este caso, se haría para tratar de transferir productividad de la soja a la industria", coincide Melconian.

Sería la manera de "devaluar sin devaluar", que tanto intenta el Gobierno para, entre otras cosas, poder seguir promocionando los salarios locales como los más altos de América latina.


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