El día "libre de impuestos" se aleja cada vez más y los argentinos deben tributar sobre parámetros que ya quedaron "viejos"

Hace apenas un año, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner pronunciaba una célebre frase que marcó un nuevo rumbo en la política del Gobierno: el arranque de la "sintonía fina".

Llevada al ámbito tributario, la expresión de la jefa de Estado se traduce en un constante y sostenido crecimiento de la presión fiscal que se completa con la implementación de múltiples impuestos que llevan años sin actualizarse.

Tanto el Impuesto a las Ganancias, como el Monotributo y el régimen que soportan los trabajadores autónomos se apoyan en pilares que quedaron "viejos".  El problema tomó mayor relevancia a partir de que, en los últimos años, el índice de inflación medido por las consultoras privadas superara holgadamente el 20% anual.

En otras palabras, la desactualización de las leyes impositivas, sumada al efecto inflacionario , genera que empresas y particulares paguen hasta el doble de impuestos de lo que les correspondería bajo un contexto más acorde con la suba real de precios.

Día de liberación de impuestos: cómo evolucionó en una décadaDe esta manera, y producto de los problemas antes descriptos, año tras año se demora aún más la llegada del “día de liberación de impuestos”.

Este indicador consiste en tomar como base de análisis un año calendario y calcular a partir de qué jornada un ciudadano deja de obtener ingresos que terminará enviando al Estado, bajo la forma de distintos tributos. En otras palabras, cuándo comienza a trabajar "para su bolsillo”.

En 2012, de acuerdo con un informe realizado por el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), ese "gran día" de "liberación" se ubicó entre el 19 de junio y el 13 de julio, dependiendo del nivel salarial. 

Es decir, que se trabajó aproximadamente medio año para pagar tributos.

 



Más allá de ello, lo que sorprende es cómo se ha ido desplazando a lo largo de estos últimos años. 

Por ejemplo:



En 2011, ese período se ubicaba entre el 17 y el 29 de junio. 

En 2009 había que esperar "solamente" hasta el 4 de mayo. 

En 2008 esa jornada clave se daba el día 5 de abril.

Ni hablar de 2002, cuando ocurría apenas arrancado el año, el 27 de febrero. 



De modo tal que, como puede apreciarse, cada año que pasa se requiere de una mayor cantidad de meses para toparse con el famoso día de liberación impositiva.

Y nada indica que esto vaya a cambiar. De hecho está previsto que para 2013 ésto se de recién a finales de julio. 

Presión impositiva en alzaDe acuerdo con un reciente informe de la Comisión Económica para América y el Caribe (CEPAL) y la Organización Europea para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE), la Argentina tiene una presión fiscal equivalente al 33,5% de su Producto Bruto Interno, la más alta de la región.

El informe también revela que los países que más incrementaron este índice entre 1990 y 2009 fueron la Argentina con 15,3 puntos porcentuales y Colombia con 8,4 puntos porcentuales.

 



Al respecto, Jorge Colina, director del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA) señaló que la presión fiscal en la Argentina sobre la parte de la economía en blanco "es del orden del 50%".

"Poco más del 60% de la economía argentina no paga impuestos, por lo que quiere decir que el resto lo hace. El promedio da casi 34% sobre el PBI. De modo que el grupo que está en blanco debe abonar un 50%", explicó el experto.

Por el lado de las compañías Colina consideró que el incremento de la presión fiscal en los últimos 10 años se debió al cobro de las retenciones a las exportaciones y a la no autorización de los ajustes por inflación en los balances de las empresas.

GananciasTeniendo en cuenta que la última actualización del piso ocurrió en 2011 y tomando en consideración que los cálculos más conservadores prevén una inflación que superará el 25% -tanto en 2012 como en 2013- no suena descabellado el pedido de las centrales sindicales de elevarlo en un 50 por ciento. 

Actualmente, se ubica en $5.782 netos mensuales para un trabajador soltero y $7.998 para uno casado con dos hijos.

Un reciente informe dado a conocer por IARAF sostiene que si se hubiese ajustado por la evolución de los salarios, este año el mínimo no imponible de Ganancias debería haer sido de $11.000 netos mensuales para los trabajadores solteros y de $14.000 para los casados, con 2 hijos.

En relación a este impuesto, el consultor tributario y previsional Alberto Romero precisó que “la mecánica de liquidación del tributo generó un incremento sustantivo en la carga tributaria de un gran número de contribuyentes al no contemplar el impacto de la inflación real que experimenta la economía argentina”.

Cabe destacar que los sujetos perjudicados no son sólo los trabajadores en relación de dependencia sino que la incidencia se proyecta a un número mucho más vasto de contribuyentes. Esto se debe a elementos que dan lugar a un aumento irreal de este tributo, entre los que se encuentran:



El hecho de no permitir el ajuste por inflación impositivo, lo cual genera en las empresas resultados ficticios dados, por ejemplo, por la valuación del stock a precios de la última compra del ejercicio sin merituar qué parte de ese incremento de valor obedece a un efecto inflacionario.





Para las personas físicas, la falta de actualización tanto de las deducciones personales como de los tramos que componen la escala de imposición determina que la carga tributaria se incremente por aumentos nominales en el nivel de renta que no significan muchas veces un aumento real de la misma.



Por ejemplo: un sujeto que obtenía en 2001 una renta de $130.000 tributaba en la escala máxima del 35%; hoy, 11 años después, la escala no ha variado y es mucha más la gente que gana más de este valor por un mero efecto inflacionario.“Para ponerlo en otra perspectiva: los $130.000 de hoy reflejan en términos reales muchísimo menos que los $130.000 de 2001 y, sin embargo, tributan como si nada hubiera cambiado”, aseguró Romero.

MonotributoSimilar situación se da con el régimen simplificado para pequeños contribuyentes, más conocido como Monotributo. Al igual que lo que sucede con Ganancias, las escalas llevan casi tres años sin actualizarse, en tanto el valor de la cuota aumentó en julio de este año debido al incremento del monto destinado a las obras sociales sindicales.

Por lo tanto, los monotributistas de la categoría más baja pagan $296 mensuales ($157 previsionales, $70 obra social y $39 componente impositivo), en tanto, quienes se ubican en el escalón más alto erogan 2.957 pesos.

Consultado respecto a la desactualización de este sistema, Iván Sasovsky, titular del estudio que lleva su nombre, fue tajante en su afirmación: "No sirve de nada tener un régimen para pequeños contribuyentes en el que los mismos sujetos no puedan mantenerse como tales. Y, menos aun, cuando los elementos objetivos que los definen como parte de esa categoría no se modifican".

AutónomosEl cuadro no es muy diferente para quienes trabajan de manera independiente. Esto es así, ya que el pago mensual que realizan a la AFIP aumenta semestralmente, mientras que los honorarios que determinan el impuesto a cancelar llevan más de cinco años sin ser modificados.

Flavia Melzi, consultora tributaria señaló como grave "la inequidad que se genera por la falta de adecuación de los parámetros de ingresos brutos para el encuadramiento de los autónomos en las diversas categorías".

"Si bien -en los últimos tiempos- el aporte mensual a cancelar se ha ido elevando periódicamente, respetando una cláusula de repotenciación periódica, nada se ha previsto respecto a la actualización de los montos de ingresos brutos obtenidos, base para encuadrarse en una u otra categoría", explicó Melzi. 

"Los valores se han mantenido sin alteración alguna desde el dictado del decreto 1866/06, previendo montos de entre $15.000 y $30.000 anuales", destacó.

También aseguró que "se impone un sinceramiento de todos los parámetros objetivos contenidos en la legislación tributaria". 

"En este caso en particular, ello resulta evidente, pues el propio sistema contempla un mecanismo de movilidad, que también debería extenderse sobre la definición de los ingresos brutos", concluyó Melzi.

Asimismo, se da el problema de la discriminación de los autónomos frente a los empleados en relación de dependencia respecto del Impuesto a las Ganancias. Adrián Fontanetto, Gerente Senior Corporate Tax Services de KPMG, consideró "oportuno y adecuado debatir acerca de la equidad en las deducciones aplicables en el gravamen para los trabajadores autónomos y los que se desempeñan en relación de dependencia".

Diego Rodríguez, senior del Departamento de Impuestos del estudio Harteneck - Quian - Teresa Gómez & Asociados, afirmó que “no hay motivos para diferenciar, en especial cuando se trata de profesionales, los ingresos que perciben los asalariados y los independientes: ambos ingresos se obtienen como consecuencia del trabajo personal de quien lo presta".

El especialista explicó que "la menor deducción especial para los trabajadores independientes les genera un impuesto significativamente mayor, si se lo compara con el que recae sobre los dependientes con los mismos ingresos anuales". 

Asignaciones familiaresPor último, se encuentra otro reclamo que une a todas las centrales de trabajadores sin importar el poder político que representan: la universalización de las asignaciones familiares.

De hecho, la última suba de 25,9% de la asignación por hijo anunciada en septiembre sólo compensa la inflación de este año. 

Además, el Gobierno ajustó menos que la inflación y que las subas salariales las escalas usadas para asignar los beneficios.Por ejemplo, un empleado con un sueldo de $2.700, recibía $270 de salario familiar. Si le aumentan un 25%, pasa a ganar $3.375 y sube un escalón. Y, por lo tanto, dicho salario familiar se reduce a $250 en el nuevo esquema.

Otro caso se da con un trabajador que ganaba $5.000 que cobraba $136 de salario familiar. Si recibió un aumento salarial de 25% y ahora gana $6.250, el salario por hijo se reduce a 90 pesos.

Esto es así ya que, al igual que lo comentado para autónomos y monotributistas, el Gobierno no aumenta los topes que marcan las distintas escalas de las asignaciones familiares.

A esto se suma que, a partir de septiembre pasado, a fin de determinar en qué escala está el trabajador, se toman todos los ingresos del grupo familiar –no de uno de los cónyuges– lo que hizo que muchos dependientes suban de escala y pasen a cobrar menos o pierdan el cobro del beneficio.

Es decir, que la elevación del tope a $14.000, tiene una limitación clave: si uno de los cónyuges gana más de $7.000 y el otro menos, pierden toda la asignación. 

En tanto, si uno percibe $6.000 y el otro $5.000, la familia cobrará $90 de salario familiar. Antes de los anuncios, uno de los cónyuges percibía 136 pesos

A su vez, las asignaciones familiares periódicas, como por nacimiento o matrimonio, se mantienen en los valores congelados de 2008, sin ningún aumento. 


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