Cristina anunció un "alivio" del 20% en Ganancias: ¿alcanza para frenar el mal humor social y la conflictividad sindical?

Como en los viejos tiempos, el kirchnerismo realizó una puesta en escena que le permite ubicarse en el rol protagónico y retomar la iniciativa política en un momento complicado.

Es que, en el actual contexto político, social y económico, difícilmente se pueda pensar en un anuncio de más alto impacto que la actualización en el "piso" del Impuesto a las Ganancias.

Con unas paritarias prácticamente congeladas, con incertidumbre económica que se refleja en la disparada del dólar blue, con señales de rebeldía creciente por parte de los gobernadores provinciales y con cuestionamientos desde varios sectores de la sociedad para con el estilo K, este anuncio busca ser una bocanada de oxígeno.

Demostrando una vez más su habilidad discursiva para transformar debilidad en virtud, Cristina Kirchner presentó como una "dádiva" un ajuste que venía siendo reclamado desde hacía mucho tiempo.

Y de esa forma trata de ocultar lo obvio: que es la primera actualización en dos años. Y que en ese período la inflación acumulada fue de 53%, lo que implica que el 20% de corrección en el "piso" a partir del cual se empieza a tributar Ganancias no es otra cosa que un ajuste encubierto.

"No hace falta ser inteligente para saber que 20% de aumento del mínimo no imponible después de 2 años sin tocarlo y con inflación es seguir ajustando. Es más que insuficiente", sentenció Julio Piumato a poco de conocerse el anuncio.

Esto no implica, por cierto, que no sea una medida difícil de tomar para un Gobierno preocupado por el deterioro de su caja fiscal. La propia Presidenta se encargó de dejarlo muy en claro: esta medida supone un costo superior a los $8.000 millones para las arcas del Estado.

Por lo pronto, varios analistas sostienen que el anuncio de Cristina, lejos de ser una demostración de fortaleza y de iniciativa política, es un reconocimiento de las debilidades del modelo.

Porque es cierto que está resignando un ingreso fiscal del que hace apenas medio año se declaró imposibilitada de prescindir, alegando que esos recursos eran necesarios para las mejoras en jubilaciones y en los planes de asistencia social.

Por cierto, no cambió el panorama fiscal del país en un semestre al punto tal de que, ahora sí, se pueda resignar la recaudación de este impuesto.

De manera que una lectura política podría ser que, finalmente, Cristina debió dar marcha atrás en aras de mejorar el clima social.

Pero la realidad es que el kirchnerismo tiene la habilidad comunicativa suficiente como para evitar que esta situación le implique un costo político. Por el contrario, descomprimirá un impasse a nivel sindical y además volcará dinero a la economía para incentivar el consumo.

Dos públicos de alta sensibilidadEn las próximas horas, seguramente, comenzarán a llover las críticas desde filas políticas y sindicales de la oposición.

Como la del ex titular del Banco Central, Alfonso Prat Gay, quien no sólo acusa al Gobierno de practicar un ajuste encubierto, sino que además sostiene que "nadie por debajo de $12.000 debería pagar Ganancias", al tiempo que recuerda que la Presidenta "le cobra a dos millones de asalariados de más".

Pero más allá de estas críticas, lo cierto es que habrá un efecto de alivio para muchos que tributan Ganancias, y que eso significará un motivo de distensión.

Ocurre que si bien, al decir de Cristina, el tema afecta apenas al 20% de los asalariados del sector formal, los que hoy son alcanzados por el pago de Ganancias pertenecen a dos grupos sociales que hacen ruido (uno con las cacerolas y el otro con los bombos) y que tienen capacidad suficiente para traerle fuertes dolores de cabeza al Gobierno.

Por un lado, el impuesto alcanza a la clase media típica, que motorizara en los últimos años la economía mediante el consumo y que se viera castigada por las dificultades para actualizar sus ingresos por inflación.

Al mismo tiempo, constituye el segmento que ha reaccionado con mayor irritación ante la veda para la compra de dólares, el único instrumento de ahorro que este sector visualiza para defender su poder adquisitivo.

Por otra parte, el otro gran afectado por la falta de actualización del tributo es el segmento denominado como "la nueva clase media obrera".

Es decir, aquellos sectores sindicalizados que en los últimos años lograron una fuerte mejora en sus ingresos, gracias a su capacidad negociadora y que, en muchos casos, lograron equiparar y hasta pasar a las franjas profesionales que constituyen la clase media tradicional de la pirámide. 

En definitiva, la actualización en el "mínimo no imponible" viene a descomprimir la tensión con un sector de la sociedad con la que la Presidenta se había enfrentado, y a los que había calificado de egoístas y de faltos de solidaridad.

Y la demorada medida permite también que aquellos que se habían encaramado como beneficiados por el "modelo K" recuperen los privilegios perdidos.

El ejemplo típico de este grupo es el gremio camionero liderado por Hugo Moyano. Un cálculo de iProfesional.com en base a cifras del Indec muestra que:

• En 2005, antes de que se produjera la primera actualización del Impuesto a las Ganancias tras la crisis de 2001, el salario bruto promedio ($1.987) estaba casi en línea con el mínimo no imponible (lo traspasaba apenas 8% para el caso de los trabajadores solteros).

• Hoy, en cambio, esa remuneración media lo supera en un contundente 45%. En otras palabras, la gran mayoría de los trabajadores de este sector se ve alcanzado por el impuesto, mientras que en años anteriores era un tema que apenas afectaba a una minoría.

Esto ayuda a entender por qué el propio Moyano admitió que "el tema salarial ha pasado a un segundo plano" y que la principal bandera reivindicativa era la de la lucha contra este impuesto.

Pero la desactualización del "piso" en Ganancias llegó a tal extremo de gravedad que no sólo aquellos gremios líderes, como el de camioneros, ha planteado su preocupación.

También en el caso de los maestros -uno de los sectores de remuneración más baja- hay un 26% de los asalariados que tributan este "impuesto a los altos ingresos", como propuso Cristina que pase a denominarse.

Un acercamiento a los sindicatosHay otro motivo de fondo para que Cristina se haya decidido a adoptar esta medida que había demorado durante más de un año: sin una actualización en Ganancias, no sólo ponía en riesgo la marcha de las paritarias -que en sus primeras negociaciones ya lucen más conflictivas de lo habitual- sino que además estaba haciendo peligrar la relación con la "CGT Balcarce".

La actualización del impuesto era un requisito que los sindicalistas amigos del oficialismo pedían para poder cumplir con el deseo gubernamental de unas "paritarias moderadas", con incrementos que no se alejaran demasiado de un nivel de 20 por ciento.

Sin una actualización en Ganancias, el cálculo que hacían los sindicatos era que sería necesario un incremento salarial de 35% para mantener el poder adquisitivo en términos reales, dado que a la mejora remunerativa había que restarle luego la creciente presión de este tributo.

De manera que el anuncio presidencial destraba, al menos parcialmente, ese frente sindical que luce como uno de los mayores desafíos políticos del Ejecutivo para este 2013.

Es claro que muchos dirigentes sindicales, especialmente los del ala opositora que lidera Hugo Moyano, considerarán insuficiente el 20% anunciado por Cristina.

Al igual que Piumato, así lo hizo saber Gerónimo "Momo" Venegas, uno de los hombres alineados con el dirigente camionero.

De todas formas, lo que resulta innegable es que el anuncio jugará a favor del Gobierno, en el sentido de que ante la opinión pública le quitará justificación y legitimidad a pedidos de aumento que estén por encima del 25% -el nivel de la inflación del año pasado, según el consenso de los economistas privados que mensualmente difunde el Congreso-.

Cómo quedaría el piso de GananciasEn su discurso, Cristina mencionó que el mínimo no imponible quedaría en $8.360 para trabajadores solteros y en $11.563 para los casados con dos hijos.

Ambos valores son cifras brutas, motivo por el cual habría que descontar el 17% de las mismas que corresponde a aportes de obra social y jubilación que no pagan Ganancias.

De esta manera, el nuevo límite pasaría a ser de:

• Unos $6.939 netos mensuales, para empleados solteros sin hijos

• De $9.597 para casados con dos hijos.

Actualmente, se ubica en $5.782 para quienes están en la primera situación y en $7.998 para los que encuadran en el segundo grupo.

El aumento del piso salarial en Ganancias se instrumentará a través de un incremento del monto anual de las deducciones personales permitidas en el tributo.

Por ejemplo,

• El mínimo no imponible pasará de $12.960 a $15.552 por año.

• El importe computable por cónyuge saltará de $14.400 a $17.280. 

• El correspondiente al ítem "hijo" se incrementará hasta llegar a los $8.640 anuales.

La siguiente infografía da cuenta de los distintos valores:

Impacto en el bolsilloMarcos Goshi, miembro del estudio Lisicki, Litvin & Asociados, indicó el impacto que tendrá la medida en el ingreso de bolsillo de los dependientes, de acuerdo con su nivel salarial.

A tal efecto, se compararon los valores anteriores contra los montos que surgen del último incremento que fuera implementado por la AFIP.

De esta forma, Goshi explicó que:

• Un trabajador soltero, con un sueldo neto mensual de $6.939, con los cambios se ahorrará $1.605 anuales ya que dejará de pagar el gravamen.

• Un asalariado casado con dos hijos que gane $9.597 al mes se verá beneficiado con un monto extra anual de $2.451.

El siguiente cuadro permite apreciar el impacto según escalas remunerativas:

Avanzando en la escala salarial:

• De tratarse de un trabajador soltero con un sueldo neto mensual de $7.000, el ahorro anual se ubicará en los 1.645 pesos.

• Ante un salario (neto mensual) de $8.500, dicho ahorro anual equivaldrá a $3.070 (solteros) y de $588 (casados con hijos).

• Para quienes ganan $10.000, el alivio anual será de $3.458 para los primeros y de $2.975 para estos últimos.

• Para un sueldo de $12.500, la mejora anual será de $4.059 (solteros) y de $4.783 (casados con dos hijos).

• Para quienes perciban $15.000, el ahorro al año será de $4.660 para el primer grupo y de $5.656 para el segundo.

Por lo pronto, durante los próximos días volverán a entremezclarse las opiniones de funcionarios que se ocuparán de mostrar el "esfuerzo" y la "generosidad" del Gobierno, con la de quienes perciben que la mejora no es suficiente para equiparar la inflación acumulada en estos últimos dos años.

En el medio del "tiroteo verbal", algo queda claro. La capacidad del "relato" para mostrar que quiere defender el bolsillo de los asalariados, aunque sea el propio anuncio el que tenga "olor a ajuste".


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