Las certificaciones ayudan a las firmas a distinguirse del resto

No es lo mismo un alimento orgánico que uno convencional. Ni es igual a otros un cosmético con el sello de "cruelty free". Tampoco lo es un cajón de frutas que llega al consumidor por la vía del comercio justo. Existen un sinnúmero de certificaciones y sellos relacionados con la naturaleza de los productos, o bien, con las prácticas relacionadas a ellos. Ser o no ser. ¿Qué cambia? Según el caso, las diferencias pueden abrir el acceso a determinados nichos, y con frecuencia implican una alteración en el precio final. Hay certificaciones, como la de alimentos orgánicos, reguladas por normas oficiales, y otras éticas o sociales que dependen de organizaciones privadas.

Inscribir un alimento en la lista de los orgánicos requiere un control de procesos, entre otros ítems, para supervisar la ausencia de químicos. En el país, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) vela por la norma, pero los certificadores son privados. Y en un mercado cada vez más interesante, proliferan los productores que demandan su evaluación. Ser orgánico abre las puertas de mercados externos y a un pequeño nicho local.

El último informe del Senasa, de 2011, indica que la superficie de cultivos orgánicos llegó a las 332.000 hectáreas. Las exportaciones -con la Unión Europea y los Estados Unidos como principales destinos- crecieron 27% hasta las 156.000 toneladas. Según el organismo, los ganadores en ese pico histórico fueron los productores de cereales y oleaginosas (en especial trigo y soja), y caña de azúcar. Hacia adentro, si bien se califica al consumo de "bajo y restringido prácticamente a productos hortícolas, frutas y miel", hay cada vez más personas dispuestas a pagar la diferencia en las góndolas.

El costo anual de la certificación, detalló Carlos García Casalia, de la Organización Internacional Agropecuaria (OIA), se ubica entre 1,5 y 2,5% del valor del producto. "Si el productor captura un valor agregado de entre 15 y 25%, es conveniente. Además, hay cultivos orgánicos cuyas retenciones son más bajas que las de los convencionales", explicó.

Los encargados de certificar dan fe sobre la concordancia de las prácticas con códigos también sociales. Por caso, el de "comercio justo" ( Fairtrade ) consiste en que cada eslabón de la cadena productiva y comercial reciba un precio razonable por su trabajo, acorde con una vida digna. Eso implica un ajuste en los márgenes de los comerciantes y un esfuerzo de los consumidores.

Esta certificación mundial llegó al país en 2005. Según Julie Francoeur, coordinadora regional de Fairtrade, ya existe una veintena de empresas con ese sello a nivel local. Entre ellos, productores de uva y vino, miel, frutas frescas (arándanos, peras, manzanas) y té. "Trabajamos con varios nuevos productores para que certifiquen este año, y con otros ya certificados para sumar productos", indicó. Habrá más vegetales, cítricos y aceite de oliva con el sello que coloca FLO-Cert y constituye una ventaja hacia afuera. "En Europa, Canada y Estados Unidos hay un alto nivel de concientización", contó Francoeur. Esa conciencia habla del tamaño del mercado.

En la Argentina, el valor de esta "etiqueta" aún no está arraigado. El desafío es educar. "En América latina, el costo es sustentado por el comerciante, y hay una variación de precio del 10% en relación con el resto. En Europa, donde ya se conoce el concepto, la brecha está entre 20% y 30%", contó Chistel Sasse, de Charinut, que avanza para ser fairtrade .

Los sellos de buenas prácticas existen también para los cosméticos. Las firmas "Cruelty free", que rechazan la experimentación en animales, se someten a auditorías independientes y al monitoreo de sus proveedores. Según Michelle Thew, presidente ejecutivo de Cruelty Free, las empresas cubren ese costo con una pequeña cuota. La campaña suma 500 compañías en el mundo. "El consumo ético aumentó drásticamente en los últimos años. A pesar del bajo crecimiento económico, este tipo de compras sigue incrementándose en el mundo" , afirmaron en Cruelty Free.

A nivel local, se lanzó una certificación llamada Lealty, para promover el marketing responsable en la Web con el fin de dar seguridad a los usuarios respecto de sus datos. El beneficio, explicó Fernando Peydro, presidente de la Asociación de Marketing Directo e Interactivo, también "facilita la decisión de quien está por brindar datos ante la invitación de una marca, incluyendo la realización de una compra" online . Así, afirmó, el sello amplía el margen de respuesta y "multiplica los resultados de las inversiones".


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