Un cambio en el que ni Cristina parece confiar

La sintonía fina llegó a con un congelamiento de precios hasta el 1° de abril implica en los hechos un cambio en la estrategia que impulsaba Guillermo Moreno para contener los aumentos de precios y que hasta el momento estaba basada en los acuerdos con las grandes cadenas y la puesta en marcha de un sistema de subas escalonadas

Ante un modelo que daba cada vez más señales de agotamiento -desde que en abril de 2006 Moreno se hizo cargo de la política antiinflacionaria, el costo de vida real acumuló una suba de 150%-, la buena noticia es que el Gobierno está reconociendo que tiene un problema, pero lejos de oír los pedidos de moderación en el ritmo de la emisión monetaria parece decidido a redoblar la apuesta con el primer congelamiento de precios integral de la era K.

El reemplazo de los acuerdos escalonados por un congelamiento generalizado puede haberse inspirado en la política que impulsó el gobierno de Hugo Chávez en el último año y que le permitió a Venezuela alcanzar un fuerte descenso en la inflación. A fines de 2011, la administración bolivariana anunció un congelamiento en los precios de primera necesidad que le permitió reducir la inflación de 27,6 a 20,1% en 2012. Frente al éxito relativo de este plan -una inflación del 20% sólo puede ser motivo de festejo para argentinos y venezolanos- hay dos puntos que no deben pasarse por alto. El primero es que en el caso venezolano los congelamientos de precios fueron acompañados por un aumento en las importaciones de alimentos, algo que no parece figurar en los planes del gobierno argentino.

El segundo punto a tener en cuenta son los costos que debieron pagar los consumidores venezolanos. La consecuencia casi inevitable de los congelamientos de precios es el desabastecimiento, y desde hace meses a aquéllos les resulta casi imposible encontrar harina o azúcar, entre muchos otros productos.

Para entender qué puede pasar a nivel local, los argentinos no necesitan ver lo que pasa en otras latitudes ni tampoco ejercitar mucho la memoria. Si bien los últimos congelamientos generalizados de los precios de los alimentos datan de hace más de 20 años, no hace falta más que retrotraerse a las góndolas vacías de yerba mate que se vieron hace casi un año, después de que el Gobierno dispusiera un precio máximo para el producto.

Y la primera desconfiada de los resultados que puede tener esta política parece ser la propia presidenta Cristina Kirchner, que en su discurso de ayer no le dedicó ni un solo párrafo al nuevo acuerdo, de manera de aventar cualquier riesgo de quedar pegada a un eventual fracaso.


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