Con la caja de dólares "agotada", expertos anticipan que la Argentina le puso un "cepo al crecimiento"

Fue lindo mientras duró, pero habrá que acostumbrarse a que, a partir de ahora, será apenas un buen recuerdo.

Se trata del crecimiento económico a "tasas chinas" y de los continuos récords de consumo, que ya no podrán volver, ni siquiera si el mundo se muestra amigable con la Argentina y siga regalando altos precios para la soja.Esa es la percepción que tienen los más destacados economistas argentinos y del exterior que, en las últimas semanas, han realizado crudos diagnósticos respecto del mediocre ritmo de expansión económica que le espera a la Argentina."Si lo que se quiere es vivir con lo nuestro, será necesario que alguien inteligente del Gobierno le explique a la gente que no seguiremos creciendo como lo hicimos en los últimos años", afirma Miguel Bein, uno de los consultores más escuchados por los empresarios.Su frase resume la percepción de la mayoría de los analistas que -tras haberse entusiasmado con la posibilidad de un rebote de la actividad para 2013- ahora están haciéndose a la idea de que, ya con los recursos fiscales exhaustos, se terminó el tiempo de las grandes recuperaciones.En consecuencia, el enfriamiento que caracterizó a 2012, más que una excepción, empieza a verse como el camino que recorrerá el país. "La actual desaceleración de Argentina no tiene nada que ver con lo que dice el relato K de que el mundo se nos cayó encima", señala Ricardo Arriazu, prestigioso economista y uno de los más escuchados por el mundo empresario.

En tanto, Nouriel Roubini, "gurú" internacional que cobró notoriedad por haber anticipado la crisis de hipotecas subprime, afirma: "Ahora la Argentina pasó de crecer de 9% a 2 por ciento".

Y como una de las principales causas señala "el exceso de la intervención del Estado en la economía".¿El regreso del ciclo clásico?Durante décadas, en el país reinó una regla económica que indefectiblemente se cumplía: el crecimiento no podía durar más de tres años, a lo sumo cuatro, sin que se generen problemas.

¿Qué era lo que pasaba? Cuando el ritmo de actividad crecía, aumentaban los salarios, ello impulsaba el consumo y, en consecuencia, a las importaciones. Pero, en algún momento se agotaban los dólares, y la actividad también se frenaba de manera repentina.

Con semejantes antecedentes, resultó llamativo el fuerte repunte casi ininterrumpido a partir del colapso del plan de convertibilidad.

Es materia de debate establecer cuánto hubo de mérito propio y cuánto de "efecto rebote", "viento de cola" o simplemente suerte, en ese inédito ciclo de crecimiento.Pero lo cierto es que los países vecinos también experimentaron un despegue económico, lo cual lleva a los economistas a poner el foco en el referido "viento de cola".

Arriazu explica que "los países con recursos naturales se vieron beneficiados, porque mejoraron como nunca en la historia sus términos del intercambio". Y, en Argentina, eso se expresó de manera exponencial por mayores precios y mejora explosiva en la productividad.

• Por ejemplo, la soja en 2001 costaba u$s150 por tonelada, ahora se encuentra por arriba de los u$s500.• Pero, además, se introdujeron innovaciones tecnológicas que permitieron duplicar la cosecha.Eso mismo, es decir, "precios por cantidades", ocurrió a lo largo de estos años con otras actividades, como la minería.

El precio de los metales subió al mismo tiempo que la "revolución de la minería a cielo abierto" hizo aumentar la producción.

El cambio fue tan grande que hoy, por ejemplo, una sola empresa minera en Argentina exporta u$s4.500 millones, lo que es equivalente a 7 veces la exportación de la ganadería.

Pero el punto es que ahora esos mismos expertos consideran que se tocó el techo de la expansión acelerada.

La vuelta al "vivir con lo nuestro"¿Por qué todo esto no va más? Sencillamente porque se acabaron los dólares, no porque ya no entren, sino porque son pocos en relación a las necesidades. Prueba elocuente de ello es la política de control de las importaciones y el "cepo cambiario".

Es que buena parte del consumo de estos años, si bien permitió hacer volar el PBI, fue a parar a productos "dolarizados", como los autos, motos, plasmas, notebooks, smartphones, entre otros.

Y, para tener una idea, fabricar una "motito" en la Argentina requiere comprar afuera el 75% de los insumos.

De esa manera es que las importaciones por habitante llegaron a un nivel histórico, alcanzando los u$s1.800, o sea cuatro veces más que en los ‘90.El otro gran problema, naturalmente, es la pérdida de autoabastecimiento energético. La necesidad de importar gas y otros hidrocarburos implicará este año un "rojo" de u$s6.000 millones, según las últimas estimaciones.

Es así como se llegó a un límite para sostener ese esquema.

Para los analistas el dato clave es la cuenta corriente del balance de pagos (que mide la diferencia entre los dólares que entran y los que salen del país). En 2011, el saldo fue cero cuando, a principios de la década, había alcanzado la cifra de u$s8.000 millones. Este año podría haber arrojado un saldo negativo de u$s5.000 millones, de no ser por las restricciones a la compra de billetes verdes.

En buen romance, la "caja de divisas" que durante los últimos años permitió aguantar el ritmo de la importación, y a su vez posibilitó crecer al 8%, ahora está vacía.

Quedaría una forma de evitar la escasez del "combustible verde" que afecta a la economía, pero es un camino que el Gobierno advirtió explícitamente que quiere evitar: el de tomar crédito externo. "Podríamos buscar financiamiento en el mercado internacional o incentivar el ingreso de dólares a través de la inversión extranjera directa", plantea Bein, un convencido de que la estrategia del "vivir con lo nuestro" implica resignarse a un crecimiento lento. "No se puede engrupir a la gente y hacerle creer que así cerraditos creceremos igual que en los últimos años", fue la expresiva frase usada por Bein en su charla con iProfesional.com.El mundo ya no es lo que eraAdemás de la falta de dólares que afecta a la economía argentina, hay cuestiones propias del mundo que podrían impactar en el crecimiento del país en los próximos años, lo que marca una gran diferencia en relación al "viento de cola" al que hacían referencia los expertos.

Al respecto, quienes analizan en detalle las perspectivas internacionales, piensan que las tendencias globales ya no serán las mismas.

En su paso por Buenos Aires, Roubini se mostró pesimista sobre la marcha de la economía global. Cree que algunos de los cambios que se avizoran podrían traer efectos sumamente negativos para este país.

Las conjeturas que hace el especialista son:1. Efecto ChinaEl principal comprador de soja del mundo no seguirá creciendo al mismo ritmo al que lo viene haciendo. En consecuencia, tampoco podrán repuntar las ventas argentinas de soja, que resultan fundamentales para sostener el nivel de gasto estatal.

Según Roubini, el modelo aplicado por el gigante asiático dejó de ser sustentable. Argumentó que depende excesivamente de una moneda muy depreciada, altísimos niveles de inversión (50% del PBI) y bajos niveles de consumo (menos de una tercera parte del PBI).

La conclusión del "gurú" es que China no tomará medidas para estimular su mercado interno, su ritmo de expansión caerá y esto repercutirá fuertemente en las economías de América Latina y, en particular, en la de Argentina.

2. Exceso de proteccionismo Roubini observa que, durante los últimos meses, las economías emergentes, como las de América latina, desaceleraron su crecimiento.

Advierte que eso se puede observar claramente en el caso de Argentina, porque pasó de crecer del 9% a mediados del 2011 a sólo 2% hoy.

¿Por qué se desaceleran estas economías? ¿Son factores circunstanciales o estructurales? Para Roubini existe un poco de cada cosa y menciona dos puntos clave:• La suba en la tasa de interés por parte de sus bancos centrales, que encarece el costo del dinero y afecta a la actividad.• La falta del efecto "desacople", que llevó a que las crisis en los países avanzados -principalmente los europeos- impactaran en los emergentes a partir de un caída del comercio.

Pero los factores en los que Roubini hace hincapié son los estructurales.

Considera que, desde hace una década, las economías en desarrollo avanzan de manera paulatina hacia lo que el experto denomina como "capitalismos de Estado", que combinan:



Fuerte intervención del sector público.

Procesos de nacionalismo o expropiación.

Proteccionismo comercial.

Control de capitales.



Para Roubini, semejante participación del Estado le hacen daño a las economías, porque afecta el desarrollo del sector privado que, desde su perspectiva, es el verdadero motor del crecimiento.

El economista encuadra en este caso a la Argentina. Y hace mención a las trabas a las importaciones, el cepo al dólar, la intervención en el sector energético, entre otras medidas que pueden estar afectando el crecimiento "potencial" del país.

Roubini concluye que los argentinos deben aprender de las lecciones de aquellas naciones que lograron desarrollarse en las últimas décadas.

"Hay una necesidad de integrarse a los mercados internacionales para conseguir, por ejemplo, inversión externa directa. Es la única manera de aumentar el volumen de negocios", concluyó el experto.


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