El boom de la educación global y gratuita amenaza el modelo tradicional de la universidad

Se atribuye a John Hennessy, presidente de la Universidad de Stanford, haber sido el primero en hablar de un "tsunami en la universidad" en una entrevista que le hicieron a principios de 2012.

Y el tsunami tiene nombre. Se trata de los MOOC, las siglas que responden a los Massive Open Online Courses, cursos que ofrecen los mejores profesionales del mundo a través de las universidades e instituciones más prestigiosas, mediante Internet y de forma gratuita. 

Pero la posibilidad de llegar a millones de estudiantes en todo el mundo sin necesidad de un edificio universitario que los contenga o los obligue a cursar en simultáneo, puso "en jaque" al modelo tradicional de educación superior, y por sobre todo, a su negocio.

Hace cuatro meses, la polémica se trasladó a Cataluña cuando en la inauguración oficial del curso en las universidades catalanas, el consejero de Economia i Coneixement, Andreu Mas-Colell, advirtió: "Las grandes universidades del mundo se nos meterán en casa sin crear ningún puesto de trabajo. Hay que anticiparse aquí, y de nuevo la colaboración entre universidades puede ser esencial".

Pero no todos lo perciben como una amenaza. Según publicó este martes el diario La Vanguardia, Andrés Pedreño, exrector de la Universidad de Alicante "al mismo tiempo que las universidades sufren las mayores subidas de tasas de su historia, la educación abierta, global y gratuita comienza su boom mundial".

El matutino describe que, si bien la tecnología existía desde antes, el auge de los MOOC inició en 2011, cuando más de 160.000 personas de 190 países se matricularon en un curso de inteligencia artificial ofrecido por Sebastian Thrun y Peter Norvig en la Universidad de Stanford. Para tomar las clases, por caso, un joven afgano sorteaba los bombardeos y puestos de control para conseguir una conexión a Internet. Y una madre soltera francesa, con dos niños pequeños, trabajaba 40 horas semanales y seguía los cursos de noche.

Desde entonces, proliferaron las iniciativas: Udacity, Coursera, EDX, e incluso Google se sumó en julio pasado con su curso Power searching, al que rápidamente se inscribieron 150.000 personas.

No obstante, persisten las dudas sobre la viabilidad financiera de estos proyectos. Estos cobran por certificados o por realizar exámenes, pero su éxito se basa precisamente en la gratuidad.

Los MOOC también despiertan otras críticas. Imma Tubella, rectora de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), una experiencia pionera en Europa en una enseñanza a distancia, dijo a La Vanguardia que "son cursos de autoaprendizaje, que se ofrecen independientemente del contexto de las personas, puesto que pueden tener hasta un millón de estudiantes a la vez, lo cual comporta una ratio de abandono altísima (cerca del 95%) porque no hay acompañamiento. Existe el riesgo de que se considere la educación en línea de segunda categoría". Los sistemas de evaluación son otro de los puntos débiles de estos cursos, dada la imposibilidad de supervisión y corrección por parte de los profesores. 

Los entusiastas de los MOOC recuerdan que la velocidad de cambio de la sociedad actual obliga a una formación continua a lo largo de la vida. Mientras que en las sociedades en crisis, como la española, la falta de recursos impulsarán hacia un sistema mixto que combine enseñanza presencial con la que se realiza en línea. 


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