El ascenso y apogeo de hitler analizado por su mejor biografo

Buenos Aires, 25 de noviembre (Télam).- Especialista en la vida de Adolf Hitler -al que le ha dedicado varias obras-, el historiador Ian Kershaw desentraña en "El mito de Hitler" la temprana adhesión que obtuvo el dictador alemán, basada según esta investigación en ciertos valores sociales y políticos reconocibles en sociedades distintas a la de la Alemania del Tercer Reich.

Aunque a simple vista parecía un candidato poco apropiado para asumir un poder dictatorial, Hitler fue -entre todos los fanáticos del nacionalismo racista que había en Alemania tras la Primera Guerra Mundial- receptor de un apoyo incuestionable por parte de de las masas.

¿Cómo logró un personaje tan poco atractivo alcanzar el control de la maquinaria de un complejo Estado moderno? ¿Por qué su autoridad -en contra de todas las previsiones- no fue limitada por restricciones constitucionales o cercenada por las clases gobernantes tradicionales? A partir de estos núcleos, Kershaw -catedrático de Historia Moderna en la Universidad de Sheffield hasta 2008 y considerado uno de los principales expertos en Hitler y la Alemania nazi- narra el ascenso, apogeo y declive del Führer, a la vez que demuestra cómo su magnetismo se convirtió en una pieza crucial para el Tercer Reich y en elemento vital para la consecución de los objetivos políticos nazis.

"El mito de Hitler", editado por el sello Crítica, describe la construcción de un fenómeno que se inició tras la Primera Guerra Mundial y el tumultuoso período de la República de Weimar, cuando una gran parte de la sociedad -que no necesariamente coincidía con el ideario nazi- vieron en el Reich alemán una oportunidad para recuperar la estabilidad perdida.

Kershaw desliza que esta adhesión está vinculada con la percepción de que Hitler había logrado reinstaurar la paz, el orden y la recuperación económica más allá de las fronteras alemanas: así lo respaldan distintas fuentes de la época que van desde informes de la Gestapo en los años de gobierno nazi hasta encuestas oficiales y diarios de alemanes del período.

"Una dificultad que se presenta al estudiar el nazismo -expresa- consiste en la necesidad de explicar lo irracional en términos racionales. Otra es la necesidad de superar el rechazo moral a fin de intentar comprender las acciones y conductas más repulsivas".

"Ninguna de las dos es propia y exclusiva de los historiadores que trabajan acerca del régimen nazi, pero allí se manifiestan con intensidad”, explica el historiador británico.

Kershaw intenta dilucidar cómo el mito de Hitler fue estimulado por sus colaboradores inmediatos (entre ellos el ideólogo de la propaganda nazi, Joseph Goebbels) y constantemente exhibido a los alemanes mediante la propaganda oficial, aunque esta tendencia se tornó discontinua cuando los éxitos militares comenzaron a esfumarse.

El investigador detecta media docena de factores que encumbraron la figura de Hitler a la categoría de “mito”, entre ellos el hecho de que el dictador era considerado como la personificación de la nación y la unidad de la comunidad nacional, así como también se lo asociaba al milagro económico de la Alemania de los años treinta, gracias a la eliminación del azote del desempleo generalizado.

Sin embargo, desatado el horror de la Segunda Guerra Mundial con todo su arsenal de exterminio y hambruna, el Führer se convirtió en una figura errática que desencadenó la disolución del entramado nazi: así, a pesar de la efímera reacción a favor de Hitler tras el atentado de julio de 1944, la mitología en torno a su figura ya se había extinguido.

El historiador británico aborda también la cuestión antisemita que sentó las bases para el Holocausto: según la investigación, su imagen fluctuó desde un interesado vaivén en los años previos a la toma del poder a moderar el grado de virulencia contra los judíos.

"El mito de Hitler" explica cómo la sociedad alemana le dio su apoyo al dictador por los éxitos y la estabilidad conseguidos, mientras que el perfil antisemita fue subestimado, aunque los años de guerra demostraron cómo el azote antisemita registró picos de violencia nunca vistas hasta entonces, avalados por el asombro o la pasividad de muchos alemanes que hasta el final de la guerra asistieron a los horrores del exterminio.

La obra es el resultado de una de las investigaciones más certeras emprendidas por el historiador para dilucidar qué se esconde detrás del dictador alemán y por qué un pueblo y su ejército se dejaron arrastrar por los delirios de un líder que provocó la debacle de Europa y su propia destrucción. (Télam).- jg-mag 25/11/2012 13:14


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