Alemanes no quieren deudas y pagan en efectivo

En esta foto del lunes 19 de noviembre de 2012, el presidente del banco central alemán, Jens Weidmann, habla durante un encuentro en Francfort. La profunda aversión de los alemanes a endeudarse se ha reflejado en las propuestas del país para resolver la crisis financiera en Europa (AP Foto/dapd/Alex Domanski)

The Associated Press

BERLIN (AP) — Para comprar un nuevo sofá de cuero en una tienda Ikea en Estocolmo sólo basta presentar una tarjeta de crédito con fondos suficientes. Pero para hacer eso mismo en Berlín, lo mejor será desembolsar 1.699 euros (2.080 dólares) en efectivo.

Es esa cultura financiera —una profunda aversión a endeudarse y un énfasis en la responsabilidad— lo que vuelve tan popular entre los alemanes el estricto método propuesto por su Canciller Angela Merkel para resolver la crisis financiera europea.

La actitud se muestra en todos los aspectos de la vida, desde la rutinaria visita a la tienda de comestibles hasta el pago por un techo donde vivir.

La economía es tan dependiente del efectivo para transacciones grandes y pequeñas, una forma de asegurar que no se gaste más dinero del que se tiene, que Alemania presionó fuerte para que se emitiera el billete de 500 euros a fin de reemplazar su popular billete de 1.000 marcos, cuando se unió a la moneda común.

Es una de las notas de mayor denominación que se emiten hoy en cualquier parte, equivalente a unos 600 dólares, e incluso en países vecinos como Francia la conocen como el "billete alemán". Incluso en supermercados de descuento en Alemania, los cajeros aceptan gustosos los billetes de 500 euros, mientras que en Francia, el pago con un billete de semejante cantidad, derivaría en el rechazo de la compra.

A pesar de que Alemania es la economía más grande de Europa y una de las más ricas per cápita, es la última en propiedad de viviendas, con poco más de 40%. Eso se compara con un 80% en las naciones en problemas dentro de la Unión Europea, como Grecia, Italia y España, y un 70% en Gran Bretaña y Estados Unidos, donde tener una casa propia es parte del "sueño americano".

Los alemanes tienden a rechazar las hipotecas casi de manera instintiva. Y los acreedores muchas veces exigen un enganche de 20% sobre una casa o un sustancial pago en garantía. Por eso ha surgido una cultura de sólo alquilar y retener el dinero.

Entre 1998 y 2010, la deuda hipotecaria se disparó a más de 20% en las 27 naciones de la Unión Europea —más de 35% en Gran Bretaña y 60% en Irlanda. En tanto, Alemania fue el único país del continente que la vio descender, a 5,4% en ese periodo, de acuerdo con la Federación Hipotecaria Europea.

La aversión alemana a la deuda también se refleja en el uso de la tarjeta de crédito, o más bien, en el no uso. Sólo 36% de los alemanes mayores de 15 años tiene una tarjeta, en comparación con 62% en Estados Unidos, según cifras del Banco Mundial. E incluso cuando los alemanes tienen tarjeta, el límite por lo general está atado a la cuenta bancaria del cliente y el pago se cobra en automático —en su totalidad_, retirando los fondos de la cuenta del cliente en un plazo aproximado de un mes.

"Si pago con mi Visa, entonces Visa lo toma de mi cuenta; no tengo un beneficio real", dice Rainer Hoedt, una maestra de secundaria en Berlín.

"Cuando utilizamos nuestra tarjeta de crédito es básicamente cuando... pagamos gastos de viajes a través de ella porque es más sencillo. Aquí en Alemania no la utilizo para nada".

En todo el mundo, Merkel ha sido ridiculizada por lo que se considera su intransigencia en la estrategia para enfrentar la crisis financiera: demandar recortes presupuestarios y austeridad fiscal de los miembros de la Unión Europea que están en problemas, a los que muchos alemanes consideran derrochadores.

Por ende, su línea dura tiene buena aceptación entre las personas que la eligieron.

Una encuesta de la revista Stern mostró que 64% de los alemanes opina que la canciller debe apegarse a sus métodos y sólo 32% opina que debe reconsiderar su insistencia en la austeridad. La agencia Forsa entrevistó a 1.033 adultos el 5 y 6 de julio para el sondeo, que tiene un margen de error de más o menos tres puntos porcentuales.

Esto significa que en Alemania se consideran inaceptables las medidas que según algunos políticos y economistas ofrecen una forma de salir de la crisis.

Entre esos pasos rechazados figura la adquisición de eurobonos. Este tipo de deuda conjunta podría ayudar a aliviar la crisis al distribuir el riesgo entre países ricos de la eurozona como Alemania y sus vecinos que han sido castigados por la crisis.

Los ciudadanos alemanes rechazan tajantemente la medida. Los eurobonos, opinan, sólo alentarán a los países despilfarradores a salirse de sus presupuestos aún más, sin mencionar que elevarán los costos de financiamiento para Alemania.

¿Rescates? Bueno, pero sólo si los países aceptan estrictas medidas de austeridad para poner sus casas financieras en orden.

¿Imprimir dinero? De ninguna manera, dicen los alemanes, aún acosados por el recuerdo de la hiperinflación de comienzos del siglo XX que ayudó a crear la condiciones para al ascenso de Hitler.

La actitud de los alemanes hacia el crédito y la deuda se deriva en su mayor parte del trauma financiero de los años que precedieron a la era nazi. En medio de una ola de masivos pagos por reparaciones después de perder la Primera Guerra Mundial, el marco alemán se disparó de la época de la guerra, de entre cuatro y cinco por dólar a varios billones por cada billete verde.

Los alemanes aceptaron cambiar el marco por el euro sólo porque el Banco Central Europeo fue diseñado igual al Bundesbank, el banco central de Alemania, como un supervisor de la inflación. Su mandato no incluye consideraciones políticas, como estimular el crecimiento laboral, algo que sí hace la Reserva Federal estadounidense.

La experiencia de la hiperinflación ha pasado de generación en generación, dice el economista del DZ Bank, Michael Stappel.

"Mi abuela siempre hablaba de cómo subían los precios todos los días, cómo un pan que costaba 10 pfennings luego costaba 5 millones de marcos, y eso no puede permitirse que suceda otra vez", indicó. "Y mi abuela nunca gastó, siempre ahorró, tal vez 80% ahorraba".

Hoy, los alemanes no ahorran tanto —11% en promedio— pero eso es mucho más que 6% o menos que en Estados Unidos y 6,5% de Japón, por ejemplo.

E incluso la forma de ahorrar es conservadora, con 40% llevando a las cuentas de banco, 30% a seguros de vida y sólo 6% para acciones, indica Stappel. Otro 3% va para los bonos.

Por eso Merkel pide a los griegos y españoles estrictos estándares a cambio de ayuda del fondo de rescate europeo —del que Alemania es el principal contribuyente— y regularmente descarta ideas de arreglos rápidos para solucionar la crisis. Ello no debe ser una sorpresa, explica Stappel, "es parte de la cultura alemana".

La actitud hacia endeudarse está comenzando a cambiar, aunque lentamente.

Por ejemplo, las tarjetas de crédito muchas veces se necesitan para hacer compras por internet y comienzan a ser aceptadas en más lugares, aunque muchas veces sin agrado.

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Louise Nordstrom en Estocolmo colaboró con este reportaje.


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