Alberto Arizu: "Entender de vinos es como ser un piloto de aviones: requiere sumar horas de vuelo"

A la hora de hablar de las grandes marcas del negocio vitivinícola de la Argentina, Luigi Bosca sin dudas aparecerá entre las primeras.

La bodega, fundada por Leoncio Arizu, el año pasado celebró su 110° aniversario.

Durante estos años, los Arizu han vivido con orgullo una tradición en la que cuatro generaciones trabajaron mejorando la técnica, la observación y la comprensión de la naturaleza para dar origen a su visión del vino. Así nació el compromiso de mejorar cosecha tras cosecha preservando la riqueza del terroir.

De hecho, Luigi Bosca fue pionera en trabajar la pureza varietal en la Argentina y hoy es reconocida internacionalmente por sus exitosas colecciones.

Actualmente, la Bodega Luigi Bosca es líder en el segmento de vinos de alta gama. Ofrece una gran familia de blancos, tintos y espumantes que ocupan un lugar importante en las preferencias de los argentinos y de los consumidores del mundo.

Alberto Arizu, bisnieto del fundador, es director y miembro de la Familia Arizu, propietaria de la firma Bodega Luigi Bosca. El ejercicio de estas funciones le permiten influir en el apogeo de la industria vitivinícola Argentina, conduciendo personalmente la expansión internacional de la Bodega que preside, y participando activamente en el desarrollo de las actividades de exportación de los vinos argentinos.

Arizu es licenciado en Administración de Empresas por la Universidad de Cuyo y, además, realizó dos posgrados: uno en Marketing estratégico en la Universidad de San Diego y uno de Desarrollo Directivo en la Universidad Austral. En los últimos 10 años, viajó a más de 50 países del mundo, desarrollando la estrategia internacional para la comercialización y el posicionamiento de los vinos de su familia y promoviendo el vino Argentino en general.

Entre sus pasatiempos predilectos, Arizu disfruta mucho de correr. De hecho, entrena para maratones. Cabe destacar que recientemente corrió los 42k de Buenos Aires, aunque se reconoce a sí mismo como un maratonista amateur.Para disfrutar de su esposa y de sus cinco hijos elige el esquí, deporte que practica desde chico.

En este contexto, Vinos & Bodegas invitó a sus lectores a que formulen sus preguntas a esta figura de la vitivinicultura argentina. Arizu cumplió su parte y respondió las consultas seleccionadas:

-Percibo que la historia del vino de Familia Arizu es muy parecida a la del vino de argentina en general, ¿es así? (Damian Escobar) -De alguna forma, está íntimamente vinculada a la historia vitivinícola Argentina y su desarrollo a partir de la inmigración de mediados del siglo 19. Mi bisabuelo, llegó en ese entonces a nuestro país y se instaló en Mendoza, donde inmediatamente comenzó a construir lo que hoy somos. El provenía de una familia de viticultores del norte de España y fue uno de los responsables de ese desarrollo tan importante en Mendoza. Se enamoró del lugar y estuvo convencido del potencial de esas zonas para la producción de vinos de gran calidad. Nuestra bodega se especializó en la producción de variedades "finas", aquellas reconocidas, de origen francés, italiano y español, que cultivó con entusiasmo y que defendió hasta su muerte, aun considerando que la Argentina en ese entonces era un fortísimo consumidor de vinos de "mesa" o básicos, tendencia que cambió recién en los últimos 30 años. -A nivel personal, ¿te identificás más con los vinos del Nuevo Mundo o del Viejo Mundo? (Federico Vallejos)-Es una buena pregunta, ya que por muchos años he batallado a nivel internacional mostrando una cara propia de Argentina. Sin dudas Argentina tiene mucho que ver con el Viejo Mundo, por la influencia de la inmigración europea en nuestra vitivinicultura por el desarrollo del negocio en si, que tiene pequeños productores, porque tenemos un consumo interno muy alto y una cultura de vinos semejante al Viejo Mundo y finalmente porque tenemos una industria atomizada, tal como la tienen en Europa. De todas maneras Argentina ha sido y es considerada Nuevo Mundo, ya que somos relativamente nuevos en el intercambio comercial de vinos. Nuestro país exporta vinos desde hace no más de 20 años, aunque poco tenemos que ver con industrias concentradas y consumos internos bajos, como los que presenta Chile, Australia o Estados Unidos. Yo creo que debemos rescatar ambas caras de nuestra cultura, tenemos algo de europeos, pero sin perder nuestro espíritu latino, nuestros vinos muestran parte de ambos mundos y eso los hace muy atractivos. Creo que debemos seguir promoviendo nuestra identidad y yo desde nuestra bodega, como así también como Presidente de Vinos de Argentina, seguiré trabajando en eso. -¿Se puede hablar de un estilo de vino argentino? ¿O hay mucha diversidad como para hacer referencia a un único estilo? (Ariel Bianchini) -No sé si se puede hablar de un estilo argentino ya que nuestro país presenta muchas facetas y tiene una diversidad de suelos, climas, alturas y latitudes que nos permite mostrar una diversidad sin igual. De todas maneras, nuestros vinos llevan impreso una pasión y un carácter que los consumidores del mundo se han sentido muy atraídos y eso permitió que Argentina irrumpiera en el concierto internacional con gran ímpetu, en un tiempo relativamente corto.

-Cuando hay una reunión de amigos, ¿siempre estás obligado a llevar vinos o a veces te sorprenden a vos? (Marce Di Giácomo) -Llevo vinos que tengo ganas de disfrutar con mis amigos, no como una obligación. También me gusta que me sorprendan. La elección de un vino para compartir con un amigo o con alguien en general, es un momento único. Uno pone mucho en juego, cariño, emoción, pasión y conocimiento para agasajar a alguien. -¿Coincidís con ese lema que dice que el mejor vino es el que al fin y al cabo más te gusta o pensás que es una manera de simplificar mucho el debate? (Leandro Peña) -Absolutamente. Lo que sucede es que mientras más conocés, más disfrutas. En la medida que aprendemos y ponemos atención, nuestro paladar se va formando y eso permite que podamos encontrar los secretos más ocultos de un vino y eso es maravilloso. Había un ejercicio que hacíamos en casa, donde degustábamos absolutamente a ciegas, pero antes de probar cada vino, recibíamos información acerca del lugar donde provenía el vino, las características de la bodega y el winemaker, la historia, etc. Esa información te permite meterte en el interior más profundo de ese vino y luego debíamos acertar qué vino era de quién. Eso me gustaba mucho. -¿Cuál es el vino preferido de tu bodega y que siempre que lo tomás te genera placer y satisfacciones? (Ricardo Bernardes)-Es difícil encontrar uno, ya que siempre cambia el entorno. Primero, tomo mucho blanco en verano, rosados en primavera y tintos en invierno. El clima es importante para mí y está relacionado con lo que me gusta comer en cada estación. Segundo, los conozco demasiado bien y eso me permite saber de qué forma me deleitará cada uno. Pero para hacerla corta, me gustan mucho los Cabernet que mi familia produce desde hace más de 100 años. Es una variedad que me atrae y no en vano se la conoce como la reina de las uvas tintas.

-¿Cuánto influye el marketing y cuánto el producto en sí a la hora de ponerle precio a un vino? (Pau Rivas) -Sin dudas tiene influencia. En determinado nivel de vinos uno no sabe qué costo de producción tuvo, ya que la obsesión es buscar lo mejor y lograr lo que uno soñó. En ese caso es difícil poner el precio. Por otro lado, creo que es importante tener en cuenta de qué vino hablamos y de qué bodega hablamos. Es distinto cuando hablamos de un vino que ha sido producido por una bodega reconocida, que tiene una historia prominente y que uno conoce del pedigrí, no del vino, sino de la bodega; a diferencia de un vino que nadie conoce y cuyo productor tampoco es reconocido. No digo que no lo valga, pero para el consumidor es importante. No todos los vinos caros son buenos o mejores, pero el precio tiene una cierta vinculación con el contenido de la botella. -¿Cuál creés que va a ser la estrategia de Marketing a seguir por parte de las bodegas argentinas? (Luciano Rizzato) -Es difícil contestar a esa pregunta. Hay datos que debemos considerar y son los cambios en los hábitos de consumo y cómo ganar a los nuevos consumidores o consumidores jóvenes. El consumo general de Argentina bajó de 90 litros per cápita por año a cerca de 30 litros actuales, en los últimos 30 años. Pero la proporción de vinos de calidad ha crecido mucho en los últimos 15 o 20 años. Creo que entre todos debemos defender el consumo del vino por sobre otras bebidas alcohólicas, porque tiene propiedades saludables, porque es una bebida para compartir y sociabilizar que es parte de nuestra cultura. Luego cada bodega cumple un rol y trabajamos desde el rol que nos toca. -¿Qué consejo le das a los que van comenzando un nuevo camino en la cultura del vino? (Damian Escobar)-Entender de vinos -como me enseñaba mi padre- es parecido a ser piloto de aviones. Un buen piloto es aquel que suma gran cantidad de horas de vuelo. En el caso del vino es igual, saber de vinos implica probar y probar, para descubrir y encontrar los secretos de un vino. -¿De qué te gustaría trabajar si no estuvieses en Luigi Bosca? (Erica Márquez)-Nunca lo pensé. Nací en una familia donde mi bisabuelo hablaba de vinos, donde mi abuelo también lo hacía, donde mi padre me enseñó casi todo acerca del vino, mis hermanos, tíos y primos también están involucrados en la industria. Respiro vino desde muy pequeño, las fincas y la bodega son lugares muy familiares para mí. La verdad es que no sé a qué me dedicaría, quizás sea por eso que llevamos 111 años ininterrumpidos haciendo vinos en nuestros país y que hoy estamos muy orgullosos de mostrarlos en el mundo.


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